Hace dos semanas que empecé en esta agencia inmobiliaria. No es gran cosa, pero me encanta vestirme de ejecutiva, tailleur ajustado, pelo recogido, gafas negras. Me siento poderosa caminando por la calle, como si mandara en todo. Y entonces llega Catalina. Joder, esa tía… tetas enormes que se desbordan del escote, culo redondo que baila con cada paso en tacones. Al principio, solo la miro. Sus curvas me llaman, su perfume dulce me invade. Las chicas del café chismorrean: ‘Es tonta, pero folla con las tetas’. Yo río, pero por dentro… algo se enciende.
Un día, deja un desastre de papeles alrededor de mi escritorio. Me cabreo. ‘¡Catalina, esto es un puto caos!’. Se disculpa, balbucea ‘Perdón, Muriel…’. Se agacha a recoger, culo en pompa, leggings como segunda piel. No aguanto. Le suelto una nalgada fuerte. Clap. El sonido rebota. Mi mano vuela a mi boca, pero ella… no se mueve. ‘Perdón, Muriel, no lo haré más. No se lo digas al jefe’. Sus pezones se endurecen bajo la blusa, jadea. Hostia, le gusta. Me excita verla rendida. ‘Vale, pero arréglalo ya’. Me tiemblan las piernas, mi coño palpita.
La Tensión que Me Llevó a Dominarla
Al día siguiente, olvida una cita. Voy a su despacho. ‘¡Otra vez, idiota!’. Se sonroja, ‘Perdón… haré lo que quieras’. Sus ojos brillan, tetas subiendo y bajando. ‘Sí, harás lo que yo diga. Trae tu silla’. Se inclina sobre ella, culo ofrecido. Le bajo los leggings. String azul empapado. ‘¡Mira cómo mojas, puta!’. Azotes en ese culo perfecto, rojo marcado. Gime, ‘¡Ay, Muriel!’. Su coño chorreando, labios hinchados. La dejo así, temblando. Yo… ardiendo.
La llevo al Monoprix. ‘Ponte estos leggings blancos, sin braga’. Vuelve, coño marcado bajo la tela fina. En el restó, sube la camisa. Piernas abiertas, todos la miran. ‘¡Echas más puta, abre más!’. Moja tanto que brilla. En el baño, le quito el sujetador. Tetas firmes, pezones gordos perforando la blusa transparente. Las manoseo, ‘¡Qué tetas de guarra!’. Regresamos, todos babando.
La acompaño a una visita. Chico ciclista, joven, paquete marcado. ‘Quítate la chaqueta, hace calor’. Sus tetas bailan libres, pezones duros. Lo enciende. La pongo de rodillas, ‘Chupa su polla por tus errores’. Le bajo el culotte, polla tiesa salta. La empujo, mama torpe pero ansiosa. Él la agarra del pelo, folla su boca.
El Clímax Brutal y Mi Poder Absoluto
La pongo sobre el sillón, culo al aire. Rasgo leggings, coño abierto, jugoso. ‘Fóllatela, mira qué puta’. Él embiste, clap clap contra sus nalgas. Grita, tetas colgando, frotando el cojín. Yo me toco, slip empapado, masturbándome viéndola usada. Le meto mi braga en la boca para callarla. Él corre dentro, la llena de leche.
Solas, la ato con su legging viejo. Encuentro su consolador rosa. Lo paso por mi coño primero, gimo fuerte, ‘¡Mira cómo me corro!’. Luego en ella, bombeo salvaje, uñas en su culo. ‘¡Pídemelo, zorra!’. ‘¡Fóllame, Muriel!’. Se corre a chorros, cuerpo convulso.
La desato. Vuelve al trabajo, marcada, mía. Yo… eufórica. Ese poder, verla suplicar, dirigir cada gemido. Adrenalina pura. Ahora manda yo. Y me encanta.