Estábamos en Cap d’Agde, como cada verano. Naturistas de familia, mis padres, mi hermano gemelo Pablo y yo, desnudos todo el día. La playa, el mar… libertad total. Ese día, el agua estaba perfecta, fría pero invitadora. Nadábamos lejos, hasta que nos llegaba al cuello. Hacíamos la plancha, yo flotando, mis tetas asomando, mi coño rubio reluciendo bajo el sol. Pablo me miraba, eh… disimulando, pero lo pillé.
Jugábamos. Yo lo empujaba, él me sumergía. De repente, lo vi: su polla semi-dura, rozándome las piernas. ‘Ven aquí, pequeño’, le dije, riendo. Lo até entre mis muslos, cabeza bajo el agua. Sentí su pelo en mi clítoris, su nariz contra mis labios. Él pataleaba, pero yo apreté más. ‘No te sueltes, o te ahogo’. Salió tosiendo, rojo. Yo reí, pero dentro… la adrenalina me mojó el coño. Decidí: esta noche es mío. Lo miré fijo: ‘Hoy mando yo, ¿entiendes?’. Él tragó saliva, asintió. La tensión subía, mi corazón latía fuerte. En la playa, le unté crema. Manos en sus huevos, polla tiesa. ‘No te muevas’, ordené, apretando suave. Él gimió.
La Tensión que Subí Hasta Romperlo
Volvimos al apartamento al atardecer. Padres fuera. ‘Quítate todo’, le dije, empujándolo al sofá. Me subí a horcajadas, mi coño chorreando sobre su vientre. ‘Mírame’. Besé su cuello, mordí. Su polla dura como piedra contra mi culo. La agarré, la apreté. ‘Esto es mío ahora’. Lamí la punta, salada de mar. Él jadeaba: ‘Lola… ¿qué…?’ ‘Cállate y déjame follarte’. Me levanté, froté mi coño en su polla, clítoris hinchado rozando venas. Despacio, la metí. ‘Ahhh… sí, joder’. Cabalgaba fuerte, tetas botando. ‘Más adentro, cabrón’. Sus manos en mis caderas, pero yo las aparté: ‘Yo decido’. Giré, de espaldas, polla hundiéndose en mi coño apretado. Sudor, olor a sexo y mar. ‘Fóllame el culo ahora’, gruñí. Escupí en su polla, me senté lento. ‘¡Joder, qué prieto!’. Reboté, ano tragándosela toda. Él gemía: ‘No aguanto…’. ‘Aguanta, o te paro’. Le clavé uñas en el pecho.
Lo puse a cuatro, yo detrás. Dedos en su culo mientras lo montaba de nuevo. ‘Córrete cuando yo diga’. Mi coño palpitaba, orgasmo subiendo. ‘¡Ahora!’. Él explotó dentro, leche caliente llenándome. Yo me corrí después, gritando, chorros mojando sus muslos. Caí sobre él, jadeando. ‘Lo has hecho bien, pequeño’. Lo besé, dominante. Sentí el poder: lo había conquistado, moldeado a mis deseos. Él temblaba, rendido. Esa noche dormimos pegados, mi mano en su polla blanda. Mañana, repetimos. Yo mando, siempre.