Estaba en esa jungla espesa del sur, eh, sola, desnuda como siempre. El sol filtrándose por las hojas, el aire húmedo pegándose a mi piel. Oí un rugido lejano, pero no miedo, no. Excitación. Apareció él, Arhaïngahn, el dragón dorado del desierto. Pequeño para su raza, pero con ojos que me traspasaban, escamas brillando como oro fundido.
Me miró, curioso. ‘Humana, ¿qué haces en mi territorio?’, su voz en mi mente, profunda, vibrante. Sonreí, me acerqué sin prisa. Su calor me rozaba ya, ese olor a arena caliente y almizcle salvaje. ‘Tú eres mío hoy’, le dije directa, mi voz firme. Él parpadeó, alas agitándose. ‘¿Mío? ¿Qué juego es este?’. Tomé su hocico con mis manos, lo forcé a bajar. ‘No juego. Tú vas a follarme como yo diga. O vuela lejos y olvídate de mí’.
La tensión en la jungla: decido que es mío
Sentí su pulso acelerarse bajo las escamas. Mi coño ya palpitaba, húmedo por la adrenalina. Le subí por el cuello, arañando suave, sintiendo músculos tensos. ‘Escucha bien: volarás alto, me abrazarás fuerte, y tu polla será mía. Yo decido cuándo y cómo corres’. Él gruñó, excitado, su miembro endureciéndose contra mi muslo. ‘Eres audaz, humana’. ‘Shalvarya. Y tú, mi juguete dorado’.
Lo monté como a un semental, mis tetas rozando su pecho escamoso. Alas batiendo, despegamos. Viento azotando mi pelo, jungla empequeñeciéndose abajo. Su polla erecta, enorme, goteando pre-semen caliente contra mi vientre. ‘Ahora, lame’, ordené. Su lengua larga, áspera, me recorrió el cuello, bajando a mis pezones duros. Gemí, pero controlando: ‘Más abajo, chupa mi clítoris’.
En el cielo, lo guie. Me abrí de piernas sobre su torso, su lengua invadiendo mi coño empapado. ‘Sí, así, joder, lame fuerte’. Sabía a miel y sal, mi jugo chorreando por su hocico. Él rugía placer, mente unida a la mía, sintiendo mi dominio. ‘Ahora fóllame’, mandé. Bajé, frotando mi entrada contra su verga gruesa, venosa, palpitante. La cabeza bulbosa presionando mi himen… no, ya rota en sueños pasados, pero virgen para él.
El clímax brutal en el cielo y mi victoria total
Empujé, empalándome despacio. ‘¡Aah! Llena…’. Su polla me estiraba, quemando delicioso, escamas rozando mis labios internos. Yo arriba, cabalgándolo en vuelo. ‘No te muevas, yo marco el ritmo’. Subía y bajaba, tetas botando, manos en sus cuernos guiando. ‘Más profundo, cabrón dorado’. Él gemía en mi mente: ‘Shalvarya, me dominas…’. Aceleré, coño apretando su tronco, jugos salpicando.
Cambié: me giré, espalda contra su pecho, polla hundiéndose vertical. ‘Fóllame el culo ahora’. Lubrado con mi flujo, entró apretado, dolor-placer. ‘¡Joder, sí! Rompe mi ano’. Alas batiendo salvajes, yo gritando órdenes: ‘Más rápido, llena mi culo de ti’. Orgasmo mío primero, coño vacío contrayéndose, chorros mojando su vientre. Él resistía, pero yo apreté: ‘Córrete dentro, dame tu leche caliente’.
Explotó, semen espeso inundándome el culo, goteando, mezclándose con sudor y viento. Rugió, yo reí triunfante. Bajamos, aterrizamos en dunas. Su polla aún dura, yo chupándola limpia, sabor a sexo crudo. ‘Has sido bueno, mi dragón. Pero la próxima, más’.
Me siento poderosa, eh. Lo conquisté, lo usé, lo dejé marcado. Su mente aún en la mía, suplicando más. Yo controlo, siempre. Esa adrenalina… adictiva. Volveré por él. Soy Shalvarya, la que domina dragones.