Tomé el Control de Esa Pareja en la Tienda y la Follé en los Baños

Uf, qué sábado de mierda en la tienda de plata. Toda la tarde de pie con estos tacones que me matan, sonriendo a clientes que no compran ni una cucharita. Miré el reloj: cinco minutos para cerrar. Suspiré hondo. Ahí entran ellos, una parejita joven, casados, él todo dulce con ella, pidiéndome sacar la colección completa de platos.

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Al principio, normal. Desenvuelvo los platos relucientes, les explico el grabado fino. Pero él… joder, él coge un plato, lo baja a la altura de su pecho, echa la cabeza atrás. Y yo lo pillo: se mira en el reflejo. No, espera… me mira a mí. Bajo la falda. Mis piernas en medias autofijables, el rollito de carne blanca en el muslo, mi tanga roja asomando, las nalgas gorditas. El cabrón está espiando mi coño.

La Mirada que Desató Mi Conquista

Me quedo tiesa un segundo. ¿Voyeur? Sonrío por dentro. No, amor, hoy mando yo. Me pongo a su lado, abro el cajón bajo del mostrador, donde los platos inclinados reflejan todo. Me coloco justo para que vea bien: tanga empapada ya de la excitación, labios hinchados. Giro la cabeza, le guiño rápido. ‘Mira todo lo que quieras, guapo’. Él se queda parado, polla dura seguro bajo los pantalones.

Su mujer, llamémosla Isa, sigue preguntando tonterías. Pero él le susurra: ‘Mira esto, cariño’. Ella se asoma, ve mi culo en el reflejo. Me agarra la muñeca para que no me mueva. Sus ojos clavados en mi tanga. Yo… no me inmuto. La miro fijo, suelto mi mano con fuerza. ‘¿Te gusta lo que ves, puta? Pues espera’. Sigo presentando platos, pero ahora controlo. La tensión sube, el aire huele a deseo, mi coño palpita.

Ella se sonroja, pero no aparta la vista. Él atrás, sonriendo como un lobo. Cierro la tienda, cojo mi bolso. Salgo, y ella me para: ‘¿Un trago?’. No, yo decido. ‘Sí, pero seguís mis reglas. Venid’. Entro al bar de al lado, ellos detrás como corderitos. Achille se presenta, fino, manicureado. Me siento frente, piernas cruzadas, falda subiendo. ‘Me excitasteis, pero ahora yo mando. ¿Queréis jugar? Obedeced.’

El Placer que Dicté en Cada Empuje

Confiesan: adoran exhibirse. Yo: ‘Bien, pero mi coño manda hoy’. Miro a Isa: ‘Tu coño rasado, labios gordos y húmedos en el reflejo… me puso cachonda. Levántate’. La cojo de la mano, voy a los baños. Cierro el pestillo, la empujo contra la pared. ‘Quítate las bragas. No, espera, nada: vas sin ellas, ¿verdad?’. La beso duro, lengua dentro, saboreo su boca caliente, saliva mezclada.

Manos en sus tetas grandes, pezones duros bajo la blusa. Bajo a su falda, coño depilado, labios marrones colgando, chorreando. ‘Mírate, Isa, estás empapada para mí’. Dedo en su clítoris, lo froto rápido, ella gime: ‘Sí… por favor…’. La giro, nalgas firmes contra mi pelvis. Dos dedos en su coño apretado, entro y salgo, polla de Achille imaginada afuera. ‘Gime más alto, puta. Correte para mí’.

Ella tiembla, rodillas flexionadas, coño chupando mis dedos. La penetro hondo, pulgar en clítoris, la follo como un hombre. ‘¡Ah! ¡Joder, Beatriz, no pares!’. Se corre gritando, jugos por mi mano, olor a sexo fuerte en el baño sucio. Yo no acabo aún, pero la dejo jadeando. ‘Buena chica. Ahora, sal y dile a tu maridito que yo gané’.

Salimos, Achille la mira, polla a reventar. Yo sonrío: ‘Hasta otra, cuando yo quiera’. Me voy al bus, coño palpitando, satisfecho. Tomé lo que quise, la hice mía, la dominé. Poder puro, adrenalina en las venas. Nadie me para. Esa noche soñé con más, pero hoy, yo soy la reina.

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