Me llamo Carmen, tengo 35 años, pelirroja con curvas generosas, pecas por toda la cara y un fuego dentro que no apago. Vivo cerca de la ciudad, en un piso coqueto. Era mayo del 2007, hacía calor, y yo navegaba por ese sitio libertino famoso. Mi pareja estaba en pausa por el segundo crío, pero yo… yo necesitaba acción. Vi su perfil: Antonio, 22 años, cara simpática, cuerpo normal, polla de 15 cm según fotos. Bi experimentado, educado. Me gustó. Pareja mayor, joven inexperto. Perfecto para mí.
Le escribí yo primero. ‘Hola guapo, me encanta tu ficha. ¿Vienes a mi piso el sábado?’. Él dudó, pero yo insistí. ‘No pasa nada, solo charlamos… o lo que surja’. Supe que caería. El sábado, a las 15:30, sonó el timbre. Calor sofocante, yo en shortcito ajustado y top blanco que marcaba mis tetas. Abrí, él sudado en vaqueros y polo. ‘Pasa, quítate los zapatos’. Lo miré fijo, sonrisa lobuna. Sympathique, nervioso. Le di un refresco frío en el salón, nos sentamos cerca en el sofá.
La tensión que me encendió
Hablamos del sitio, de experiencias. Él contó sus cams, yo le conté mías, directas. ‘¿Bi? Cuéntame qué te mola’. Se sonrojó. ‘Tocar, chupar… pero nunca con alguien como tú’. Reí bajito. Sentí la tensión, su mirada en mis piernas. Decidí: es mío. Me acerqué, puse su mano en mi muslo. ‘Tócame. Quiero ver si vales’. Dudó, ‘¿Segura?’. ‘Sí, joder, hazlo’. Subió la mano, temblando, bajo el short. Mi coño ya húmedo. ‘Más adentro’. Sus dedos rozaron mi clítoris, gemí suave. ‘Buen chico. Ahora, quítame la ropa’.
Lo empujé al clic-clac en la habitación. ‘Desnúdate’. Se bajó los pantalones, polla medio dura, media como dijo. La mía, chorreando. ‘Chúpame el coño primero’. Me abrí de piernas, él de rodillas. Lengua torpe al principio, lamiendo labios, clítoris. ‘Más fuerte, cabrón, métela’. Ah, sí… sus labios calientes, saliva mezclada con mis jugos. Olía a sexo, sudor. Lo agité por el pelo. ‘Ahora tus huevos’. Bajó, lamió mis tetas, pezones duros. Yo erecta, dominante.
El sexo brutal bajo mis órdenes
Lo puse boca arriba. ‘Mi turno’. Monté su cara, restregué coño en su boca. ‘Bebe todo’. Él ahogándose en placer, yo gimiendo. ‘Ahora tu polla’. La cogí, dura, venosa. La chupé lento, lengua en el frenillo. ‘¡Joder, Carmen!’. ‘Cállate y disfruta’. La tragué entera, saliva goteando. Luego, strapon no, directo: ‘Fóllame, pero yo mando’. Me subí encima, cowgirl. Su polla entró fácil en mi coño apretado, resbaladizo. ‘¡Así! No te muevas’. Reboté fuerte, tetas saltando, clítoris rozando su pubis. Sudor por todos lados, piel pegajosa.
Aceleré, ‘¡Más duro!’. Lo branqué mientras cabalgaba, mi mano en su polla base. Él jadeaba, ‘Me corro…’. ‘No, aún no. Aguanta’. Lo apreté con el coño, contracciones. Sentí mi orgasmo venir, fuerte. ‘¡Sí, joder!’. Grité, jugos chorreando por su polla. Él no aguantó, explotó dentro, semen caliente llenándome. Gemí triunfante, cuerpo temblando. Me bajé lento, su polla flácida goteando.
Nos duchamos rápido, agua caliente lavando sudor y fluidos. En el salón, cigarro en mano, refresco. Él exhausto, yo radiante. ‘Fue… increíble’. Sonreí. ‘Lo sé. Fui yo quien lo hizo así’. Sentí el poder, la conquista. Él mío por completo, rendido. ‘Nos vemos pronto?’. ‘Claro, pero mando yo’. Salí él, yo sola, coño palpitando aún. Pura adrenalina, total control. Quería más.