Cómo tomé el control y follé a dos diosas en La Reunión

Estaba en La Réunion por curro, redimiendo la agencia. Hotel de lujo en la playa, cócteles al atardecer. Mina, la recepcionista métisse de ojos claros, me sonreía siempre. Piel caramelo, tetas firmes bajo el uniforme. La vi en el mercado de Saint-Paul, con su vestido colorido, saco de verduras. Charlamos, su pasión por la isla me encendió. Cenamos en casa de Maya, su ‘tía’ generosa, negra altiva, mirada que traspasa. Vinos, risas, pero yo notaba las chispas.

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Al día siguiente, Mina me recogió para Cilaos. Curvas eternas, paisaje brutal. Ella en short y camiseta, pezones marcados. Yo la rozaba ‘sin querer’, sentía su temblor. Al volver, en su coche, aire pesado, humedad pegajosa. ‘Gracias’, le dije, pero mis ojos decían más. Ella canceló planes por mí. Sonreí, adentro. En Boucan Canot, playa de strings, cuerpos aceitados. Ella topless, tetas pequeñas perfectas. Yo me quité el bikini, mis curvas la hipnotizaron. Nos untamos crema, roces ‘accidentales’, miradas que quemaban.

La tensión que me hizo decidir

De repente, tormenta. Corrimos al coche, empapadas. Camisetas pegadas, pezones duros como piedras. Silencio roto solo por la lluvia. La miré. ‘Eres mía hoy’, pensé. Puse mi mano en su rodilla mojada. Subí despacio por su muslo. Ella jadeó, no se apartó. ‘¿Te gusta?’, murmuré. ‘Sí…’, susurró, ojos brillantes. Mi mano bajo el short, rozando su tanga. ‘Vas a hacer lo que yo diga. ¿Entendido?’. Asintió, bassin adelante. ‘Quítate el short. Ahora’. Lo hizo, torpe, excitada. Su coño depilado, húmedo, brillaba.

Le metí dos dedos directo, follándola duro en el asiento. ‘Mírame mientras te corro’. Gimiendo, ‘¡Sí, joder!’. La besé feroz, lengua dominando su boca. Sus caderas bailaban en mi mano, chochita chorreando. ‘No corras aún. Espera mi orden’. La frené, pellizcando su clítoris hinchado. Gritó. Luego, ‘¡Ahora, córrete para mí!’. Explosó, cuerpo rígido, jugos empapando mis dedos. Los lamí. ‘Sabe a paraíso picante. Vámonos a tu casa’.

El clímax brutal y mi dominio

En su cuarto enorme, Maya nos esperaba desnuda. Tetas pesadas, pubis negro espeso. ‘¿Compartís?’, ronroneó. Sonreí. ‘Sí, pero yo mando’. Las tumbé en la cama. ‘Mina, lame mi coño. Maya, chúpame las tetas’. Mina se arrodilló, lengua en mi raja abierta, sorbiendo mi crema. ‘Más profundo, coño’. Maya succionaba mis pezones, tirando fuerte. Yo gemía, control total. ‘Cambiad. Maya, fóllame con la lengua’. Su boca voraz en mi clítoris, Mina lamiendo mis tetas. ‘¡Así, putas!’. Me corrí gritando, arco en la espalda, chorros en la cara de Maya.

No paré. ‘Mina, siéntate en mi cara’. La ahogué en su coño jugoso, lengua follándola mientras metía dedos en Maya. ‘Muévete, Maya, cabalga mi mano’. Gritos, sudores mezclados. Odor a sexo, pieles chocando. ‘¡Córreos juntas!’. Ellas explotaron, temblores, ‘¡Sofía, joder!’. Yo las vi rendidas, mías.

Al día siguiente, avion a España. Dos semanas de tríos salvajes, yo al mando. Sentí poder puro, ellas suplicando más. Conquista total. Sonreí en el asiento, coño aún palpitando. Volveré por más.

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