Entramos en Sonia Parfum, yo y mi amiga Oriane, desnudas ya en el vestuario. Angela, la rubia tetona que parecía una cría pero tenía veintitantos, nos recibe con esa sonrisa pícara. Se nota que nos mira el coño, las tetas, todo. Yo siento el calor subiendo, no solo del sauna. Sonia, su madre, sale de una cabina, igual de curvilínea, pechos enormes colgando libres. Me excita verlas tan naturales, tan… disponibles.
Nos separan: Oriane conmigo al masaje duo. Sonia nos guía a la cabina estrecha. Litros pegados, apenas espacio. Me pongo detrás de Oriane, y Sonia nos empuja suave. Siento sus tetas mullidas en mi espalda, sus caderas contra mi vientre. ‘Qué piel tan suave’, murmura, sin disculparse. Ya está, el pulso se acelera. Me tumbo boca arriba, abro las piernas sin que me lo pida. ‘Quiero que mires bien mi coño’, le digo directo, mirándola a los ojos. Ella pivotea, sus ubres bailando, aréolas oscuras gigantes. Oriane se sonroja, pero yo sigo: ‘Hoy mando yo, Sonia. Tú me tocas como yo diga’. Hesita un segundo, sonríe. ‘Como quieras, guapa’. La tensión crece, mi clítoris palpita. Le ordeno que unte aceite en mis labios, que tire suave. ‘Más despacio, joder, siente cómo me mojo’. Angela entra, desnuda, rasurada, tetitas firmes. Se une, pero yo dicto: ‘Angela, tú con Oriane, pero miradme. Esto es mi show’.
La tensión que me llevó a tomar las riendas
El masaje vira a lo bestia. Sonia se echa aceite, sus manos en mis tetas, cuñas. ‘Chupa mis pezones’, gruño. Obedece, lengua caliente rodeando. Mi coño chorrea, lo nota. ‘Ahora el 69, Sonia. Tú debajo’. La volteo, su culo gordo arriba de mi cara. Huele a mujer, a sudor mezclado con perfume oriental. Abro su raja con los dedos, labios rosados hinchados, clío duro asomando. ‘Lame mi coño ya’, ordeno. Su lengua entra, chupando mi entrada, sorbiendo jugos. Yo devoro la suya: labios suaves, sabor salado dulce, cyprine espesa. Meto lengua en su ano, rozándolo, mientras pellizco su clítoris. Gime contra mi chocho: ‘¡Sí, joder, más!’. Dirijo: ‘No corras aún, puta. Muévete lento’. Ondula caderas, frotando su pubis liso en mi boca. Cambio posición: la pongo a cuatro patas, yo de pie. Dos dedos en su coño, bombeando fuerte, pulgar en clío. ‘Mírame mientras te follo con la mano’, le digo. Sus tetas se bambolean, sudor goteando. Oriane y Angela gimen al lado, pero yo las ignoro. Meto tres dedos, estiro su pared, toco el punto G. ‘¡Voy a correrme!’, chilla. ‘No hasta que yo diga’. La azoto el culo, rojo marca. Finalmente: ‘¡Corre para mí!’. Explota, squirtando en mi mano, piernas temblando.
Me corro después, restregando su cara en mi coño empapado. Un orgasmo brutal, gritando, cuerpo arqueado. Sonia jadea, exhausta, mirándome con sumisión. ‘Buena chica’, le digo, acariciando su pelo. La potencia me invade: la he conquistado, la he hecho mía en su propio terreno. Salimos al hammam, cuerpos laxos, pero yo al mando. Abrazo a Oriane, prometo más. En casa, revivo el olor de su coño en mi piel. Poder total, placer puro. Volveré, y dominaré más.