Cómo tomé el control total de un hombre del espacio en Gaïa

Acabo de vivirlo, eh… aún siento el calor en la piel. Soy María, dueña de la posada en Gaïa. Todas éramos mujeres aquí, seis generaciones sin hombres de verdad. Y llega Vic, el mensajero del espacio, alto, fuerte, con esa polla marcada bajo el traje plateado. Lo vi bajar del módulo, rodeado de nosotras, y pensé: esta noche es mío. No iba a esperar. Lo invité a mi casa, le serví kolabe caliente, ese brebaje que nos mantiene jóvenes y cachondas.

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Se sentó, cansado de la visita. Yo, con mi kimono fino pegado al cuerpo, mis tetas firmes asomando. ‘¿Cómo te sientes?’, le dije, mirándolo fijo. Él sonrió, pero yo vi el bulto crecer. ‘Bien, María, pero solo contigo estoy tranquilo’. Mentira. Yo mandaba ya. Me acerqué, abrí el kimono despacio. Mis pezones duros, mi coño depilado brillando un poco. ‘Mírame bien, Vic. Esta noche no eres el héroe. Yo decido’. Él tragó saliva, ojos en mis tetas. ‘¿Qué… qué quieres?’. ‘Quiero tu polla dentro de mí. Pero como yo diga. Desnúdate. Ahora’.

La tensión que me hizo decidir: él sería mío

Se levantó torpe, quitándose el traje. Su polla saltó, gruesa, venosa, el capullo rojo hinchado. La miré, la toqué. Caliente, latiendo. ‘Siéntate’, ordené. Me arrodillé, la lamí de abajo arriba, saliva chorreando. Él gimió: ‘María, joder…’. ‘Cállate. Tú disfrutas, yo controlo’. La chupé hondo, garganta apretando, bolas en mi mano. Estaba al límite, pero lo paré. ‘No corres aún. A la cama’.

Lo empujé al colchón, monté encima. Mi coño chorreaba, lo froté en su polla dura como piedra. ‘Mira cómo te mojo, cabrón’. Bajé despacio, centímetro a centímetro, su verga abriéndome el coño. Ah… lleno, estirándome. Gemí fuerte, pero yo movía las caderas. Arriba abajo, rápido, mis tetas botando. ‘¡Fóllame más profundo!’, grité, clavándole las uñas. Él intentaba agarrarme, pero le até las manos con mi kimono. ‘No toques. Solo siente’. Giré, de espaldas, polla clavada hasta el fondo. Mi clítoris rozando sus bolas, choques húmedos, sudor mezclado.

El sexo brutal donde yo dictaba cada embestida

Aceleré, coño apretando su tronco. ‘¡Dame tu leche, Vic! ¡Lléname!’. Él jadeaba: ‘No aguanto…’. Empujé fuerte, orgasmo mío primero, temblores, chorros mojando su vientre. Él explotó dentro, leche caliente inundándome, pulsos interminables. Me corrí otra vez, gritando su nombre.

Después, lo desaté, pero él estaba roto. Sudado, polla flácida goteando. Yo encima, besándolo suave. ‘Has sido bueno, mi semental. Pero yo gané’. Sentí el poder, eh… él sucumbió total. Mañana lo compartiré, pero esta noche, su cuerpo fue mío. Poder puro, coño satisfecho, yo reina. Gaïa cambia, pero yo controlo mi placer.

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