Cómo Tomé el Control y lo Hice Explotar de Placer

Tenía 22 años, en esa ciudad universitaria llena de fiestas locas. Yo, siempre la que manda, vi a ese chico en la pista. Militar, delgado, mirada esquiva. No era un Adonis, pero su timidez me encendió. Me acerqué bailando, rozando su cuerpo. Él se sonrojó, pero no se apartó. ‘¿Bailamos?’, le dije al oído, mi aliento caliente en su cuello.

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Lo elegí en cada ronda de besos. Mis manos bajo sus axilas, sintiendo su piel erizada. Él me imitó, torpe. Hora de irnos. ‘Dame tu dirección’, ordené. Se la dio, nervioso. Al día siguiente, él se fue a su base en el extranjero. Cartas todos los días. Calientes, prometedoras. Dos meses después, vino con su amiga. Paseamos de tres, pero yo lo devoraba con la mirada.

La Conquista: Decidí que Sería Mío

Otro mes, permiso. Le escribí: ‘Ven a casa, duerme aquí… sin segundas’. Ja, mentí. Quería controlarlo todo. Llegó tarde, puerta abierta. Lo besé fuerte, boca a boca. Directo al doble colchón, sin sillas. Zapatos fuera, ropa puesta. Mis labios en su cuello, manos en su cara. ‘Relájate, yo decido’, murmuré. Él jadeaba, tieso ya.

Media hora de besos, fricción. Sentí su polla dura contra mí. ‘Es hora’, pensé. Manos lentas sobre su pecho, bajando. Él me tocaba el vientre, prudente. Yo no. Deslicé mi mano bajo su jersey, pezones duros. ‘Quítamelo’, le ordené. Obedeció, temblando. Sus ojos cerrados, gemidos suaves.

Dirigí su mano a mi pecho. ‘Tócalos así’. Firmes, hinchados. Él suspiraba. Mi coño chorreaba. ‘Bájate el pantalón’, dije. Botón abierto, zipper abajo. Toqué su polla por encima del slip. Gruesa, palpitante. ‘No pares’, le exigí mientras yo la sacaba. Caliente, venosa. Él gimió fuerte.

‘Tú no follas aún. Yo mando’. Le expliqué no tomar pildora, pero era excusa. Primera vez para él, admitió. Para mí también en control total. ‘Baja más’, guié su dedo en mis labios mayores. Mojado, resbaladizo. Gemí bajito, arqueándome.

El Placer Bajo Mis Órdenes

Entonces, mi turno. Agarré su verga, piel suave, cabeza hinchada. La apreté, subí y bajé despacio. ‘Mira cómo te la meneo’. Él se tensó, ‘Voy a…’. ‘¡No! Espera mi orden’. Pero explotó. Leche caliente en mi mano, chorros espesos. No paré. Siguió dura. Dedos en mi clítoris, él explorando.

Bajé su slip del todo. ‘Chúpame los pezones’. Los mordisqueó. Mi mano en su rabo, ritmo fiero. Segunda corrida, rápida, abundante. ‘¿Otra ya?’, se sorprendió. Lavó manos, duchas juntos. Pijamas puestos, dormimos pegados.

A las cinco, mi mano en su paquete. Despierto, sonriendo. ‘Otra ronda’. Piernas flexionadas, coño abierto. Dedos dentro, húmedo. Él me folló con ellos. Yo lo pajee dos veces más, pausas cortas. Cuatro leches en horas. Rendida su polla, pero yo eufórica.

Al día siguiente, más cartas soñando aquello. Segunda visita, intentó penetrar. Imposible, mi coño estrecho. No importó. Caresses, corridas múltiples. Luego, ruptura. Él demasiado blando. Pero yo gané: desbloqueé su mundo.

Hoy, a mis 30, grito: ¡Toma el control! Adoro esa potencia post-sexo, él sucumbiendo, yo reina. Masajes eróticos mantienen mi fuego. Aún no recupero todo el tiempo perdido.

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