Entró al Espadón Moucheté cojeando un poco, ese capitán Mathias, con la barriga vendada y los ojos hambrientos. Lo vi desde el pasillo, sucio de mar, oliendo a ron y sal. Me miró, pero yo ya había decidido: esta noche serás mío, cabrón. No como los otros marineros que pagan y follan. Tú vas a rogar.
La tauliera le dijo que yo estaba libre. Subió las escaleras, sudando. Yo esperaba en la puerta 13, con mi corsé rojo apenas cubriendo las tetas, la polla de Mathias ya medio tiesa en sus pantalones. ‘¿Cuánto tiempo me has alquilado?’, le pregunté, voz baja, manos en las caderas. ‘La noche entera’, murmuró, sacando monedas de oro. Sonreí. ‘Bien. Pero aquí mando yo. Nada de prisas. Te lavo primero, te preparo… y obedeces.’ Dudó un segundo, eh… pero asintió, ojos clavados en mi coño rasurado bajo el corsé.
La tensión que me encendió
Lo llevé al baño, lo desvestí despacio. Su polla saltó, gruesa, venosa, con el prepucio arrugado. ‘Mírate, capitán, con las pelotas llenas como un ballenato. Pero no tocas hasta que yo diga.’ Las lavanderas lo frotaron, él gimiendo cuando rozaron su glande. Yo observaba, tensión subiendo, mi coño mojándose. ‘Sal. Ahora a mi habitación.’ Caminó desnudo por el pasillo, polla bamboleando, clientes mirando. Vergüenza en su cara, poder en la mía.
En la cama, lo empujé. ‘Arrodíllate.’ Obedeció. Agarré sus huevos pesados, apreté suave. ‘Vas a chuparme primero. Hazlo bien o te dejo con la verga azul.’ Le abrí las piernas, mi coño rubio chorreando. Él lamió torpe al principio, lengua áspera. ‘Más adentro, joder, lame el clítoris.’ Gemí, guiando su cabeza, caderas moviéndose. Tension crecía, él jadeando, polla goteando precum.
Lo tiré boca arriba. ‘Ahora yo.’ Me subí a su cara, coño en su boca. ‘Chupa fuerte.’ Él succionaba, yo me frotaba, tetas rebotando. ‘Para.’ Bajé, polla en mi mano. La escupí, la tragué entera, garganta profunda. Él gruñó, ‘¡Adelaida, por Dios!’ ‘Cállate. No corres hasta que yo diga.’ Lo mamé salvaje, bolas en mi palma, lengua en el culo. Él temblaba, al borde.
Follada brutal bajo mis reglas
‘Me vas a follar como yo quiera.’ Lo monté, coño tragando su polla hasta el fondo. ‘¡Joder, qué apretada!’, jadeó. Reí. ‘Muévete lento, o paro.’ Cabalgué, control total, clítoris frotando su pubis. Cambié: a cuatro patas, él detrás. ‘Folla duro, pero para cuando yo diga.’ Entró en mi coño, chapoteando, huevos golpeando mi culo. ‘¡Más! Ahora el culo.’ Escupí en su polla, la guié a mi ano. Dolor-placer, él empujando. ‘¡Sí, rómpeme el culo, capitán!’ Lo apreté, él gritando.
Lo volteé, piernas en hombros. ‘Mírame a los ojos mientras te ordeño.’ Polla en coño, bombardeando, mis uñas en su pecho. Él sudaba, ‘¡Voy a correrme!’ ‘No. Aguanta.’ Frené, lo apreté con músculos. Otro orgasmo mío, chorros mojándolo. Finalmente, ‘Ahora sí. Córrete dentro.’ Explotó, semen caliente llenándome, cuerpo convulsionando.
Me aparté, semen goteando de mi coño y culo. Él jadeaba, roto, mirándome como un perro fiel. ‘¿Ves? Eres mío.’ Sonreí, poder puro recorriéndome. Lo había conquistado, dirigido cada embestida. Adrenalina, su sumisión… perfecto. Se durmió exhausto. Yo, satisfecha, saboreando mi victoria.