Cómo tomé el control en el salón manga y lo hice gemir de placer

Me llamo Sofía, tengo 24 años, vivo cerca de Amiens. Soy fanática del cosplay, sobre todo de animes menos conocidos. Para el expo manga en Compiègne, elegí a Minori Nakazawa de Nourin. Esa chica curvilínea, con falda verde a cuadros cortita, blusa blanca, blazer azul y peluca castaña. Me queda perfecto: 1,65 m, 68 kg, tetas generosas gracias a las prótesis que compré online. Me depilé todo, piernas lisas, axilas suaves. Maquillaje impecable: mejillas sonrosadas, pestañas postizas. Salí temprano en mi viejo Peugeot, el viento fresco de octubre me erizaba la piel bajo la falda. Nervios, sí, pero excitada por la adrenalina.

Llego al salón. Pequeño, lleno de mamás con niños y cosplays básicos: Narutos y Harleys. Paso gratis, claro. Fotos con gente, sonrío sin hablar mucho, mi voz grave del estrés no ayuda. A las 16h, concurso de cosplay. El speaker me reconoce, subo al escenario. Hay un Kosaku Hata genial: Éric, estudiante de BTS en Compiègne, guapo, ojos avellana, pelo revuelto. Improvisamos: yo lo persigo, lo agarro, intento besarlo. Él se resiste… pero al final, cede y me besa. El público aplaude. Bajamos, furiosa por su atrevimiento, pero… su boca me dejó húmeda.

La decisión: él sería mío esa tarde

‘¿Qué coño fue eso?’, le digo con voz de Minori, aguda y juguetona. ‘Eres un chico travieso’. Él ríe: ‘Eres preciosa, Sofía’. Lo arrincono en un rincón vacío, gente empezando a irse. Veo el coffret de Tamen de Gushi en un stand: 60€, mi sueño. Mi estómago ruge, no comí nada. Vamos a la buvette, compro sándwich y chips. Nos sentamos en el suelo. Él insiste: ‘¿Puedo besarte de nuevo?’. Lo miro fijo. Siento su calor cerca, su aliento a Coca-Cola. Decido: este va a ser mío. Tomo su mano, aprieto. ‘Escucha, Éric. Quiero ese coffret. Cómpramelo… y yo te daré lo que nunca has tenido’. Sus ojos se abren. ‘¿Qué?’. ‘Yo mando. Tú obedeces. Si no, adiós’. Él traga saliva, asiente. ‘Vale…’. La tensión sube, mi coño palpita. Lo arrastro al stand, paga el coffret. ‘Ahora, sígueme’. Corazón latiendo fuerte, lo llevo a los baños vacíos.

Entro en un cubículo con él, cierro el pestillo. Lo empujo contra la puerta. ‘Quítate los pantalones. Ya’. Tiembla, baja el pantalón marrón, slip al suelo. Su polla floja sale, pequeña al principio. La miro, sonriendo. ‘Arrodíllate’. Obedece, rodillas en el suelo sucio. Agarro su pelo: ‘Chúpame primero’. Me subo la falda, quito la braguita de algodón. Mi coño depilado, ya mojado, frente a su cara. ‘Lame, cabrón. Hazlo bien’. Su lengua toca mi clítoris, torpe al inicio. Gimo: ‘Más profundo… así, joder’. Le monto la boca, frotando, mis muslos aprietan su cabeza. Sudor en mi espalda, olor a sexo en el aire. ‘Buen chico…’. Su polla se pone dura sola, goteando.

El sexo salvaje en los baños, yo al mando

Lo levanto: ‘Ahora fóllame. Pero yo digo cómo’. Me siento en el váter, piernas abiertas. ‘Entra despacio’. Coge un condón del bolsillo –previsor el tío–, se lo pone. Su polla media, dura como piedra, roza mi entrada. Empujo sus caderas: ‘Despacio… sí, métela toda’. Gime cuando entro hasta el fondo, mi coño lo aprieta. ‘Muévete, pero sigo yo el ritmo’. Lo monto salvaje, rebotando, tetas saltando bajo la blusa. ‘Más fuerte, coño… fóllame como puta’. Sudor perla su frente, jadea: ‘Sofía… me vas a matar’. Cambio: lo pongo de pie, me apoyo en la pared, culo fuera. ‘Desde atrás. Agárrame las caderas’. Embiste, polla chocando mis nalgas, slap-slap. ‘¡Más! ¡Hazme correrme!’. Siento el orgasmo subir, clítoris hinchado. Grito: ‘¡Sí, joder!’. Él tiembla: ‘Me corro…’. ‘Dentro, no pares’. Su leche llena el condón, caliente. Yo exploto, piernas flojas, coño contrayéndose.

Salimos, él laxo, ojos vidriosos. Coffret en mi bolso. ‘Gracias, amor. Fuiste perfecto’. Lo beso rápido, perruque de lado, maquillaje corrido. Corro al parking, arranco riendo. Poder total: coffret mío, polla suya domada, él rendido. Mañana, más cosplays. Yo controlo siempre.

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