Cómo tomé el control total de mi cliente en la oficina

Soy Sofia, tu contable española de toda la vida. Mido uno setenta, morena con melena suelta, delgada pero con curvas que matan. Siempre voy vestida con clase, un toque sexy. Él, Pablo, mi cliente desde hace tres años. Mayor que yo, serio, pero con ese rollo que me pone. Su jefe me advirtió: ‘Sofia no soporta a los tíos, solo clientas mujeres’. Ja, mentiras. Con Pablo… es diferente.

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Ese 7 de junio, entra con su maletín. Le saludo con la mano, pero noto su mirada en mi vestido corto de verano, negro, escotado. Talones altos. ‘Siéntate, Pablo’, le digo señalando la silla frente a mi escritorio de cristal. Empiezo con lo de siempre: ‘¿Qué es este importe sin IVA? ¡Hay que ser precisos, joder!’. Me inclino mucho, botones desabrochados a posta. Veo cómo traga saliva, mis tetas en su cara, sujetador negro asomando.

La tensión sube y yo decido que es mío

Él balbucea excusas sobre un error en la caja. Me pongo al lado suyo, agachándome a rebuscar en las cajas de archivos. Mi culo tenso contra el vestido, tanga negra marcándose. Se retuerce un poco en la silla. Siento su calor. El corazón me late fuerte. ‘Pablo… tres años aguantando tus errores. Hoy, cambiamos las reglas’. Me giro despacio, lo miro fijo. ‘Cierra la puerta con llave. Ahora’. Él obedece, perplejo. Vuelvo, me planto delante. ‘Te has masturbado pensando en mí, ¿verdad? Hoy soy yo quien manda. Te voy a follar como se me antoje. Desnúdate’.

Se queda tieso. ‘Sofia, yo…’. ‘Cállate. Quítate todo’. Se desnuda torpe, polla ya medio dura. Yo me quito el vestido lento, quedo en tanga y sujetador. Sus ojos devoran mis tetas pequeñas, firmes. Me acerco, le agarro la polla. Dura al instante. ‘Buen chico. A cuatro patas en el suelo’. Él duda, pero obedece. Le bajo la tanga, mi coño depilado brilla de jugos. Le meto dos dedos en la boca. ‘Chupa. Prepárate’.

Empiezo a masajearle el culo, dedo índice en su ano. Gime bajito. ‘Me encanta verte así, sumiso. Mi contable dura se acabó’. Saco lubricante del cajón, se lo unto. Mi dedo entra fácil. Él jadea. ‘Más…’. Le doy una nalgada. ‘Yo decido’. Le meto dos dedos, follando su culo lento. Su polla gotea pre-semen. Me arrodillo delante, le meto la polla en la boca. ‘Chupa fuerte, cabrón’. Su lengua en mi clítoris no, espera, yo se la meto profunda. Gime con mi polla en su garganta.

El sexo brutal donde mando yo

Me levanto, coño chorreando. ‘Al escritorio, boca abajo’. Se tumba, culo al aire. Le lamo el ano, lengua dentro, sabe a hombre. ‘Qué rico tu culito’. Agarro mi strap-on del bolso –azul, mi favorito, no muy gordo–. Me lo pongo, lubrico bien. ‘Vas a gritar mi nombre’. Empujo despacio en su culo. Entra apretado. Él gruñe: ‘¡Joder, Sofia!’. Acelero, una mano en su polla, pajero fuerte. ‘¡Fóllame más!’, suplica. Le doy duro, mis caderas chocan. Mi coño palpita de excitación viendo cómo se rinde.

Lo giro, lo monto. Su polla en mi coño, yo cabalgo salvaje. Tetillas duras rozando su pecho. ‘Mírame mientras te follo’. Bajo, le chupo las bolas, le meto lengua en el culo otra vez. Vuelvo a montarlo, coño apretando su verga. Él tiembla: ‘Me corro…’. ‘No, hasta que yo diga’. Aprieto sus huevos, lo freno. Luego, le saco, le apunto a la cara. ‘Córrete en mi boca’. Él explota, leche caliente en mi lengua. Trago todo, lamiendo restos.

Después, lo empujo al suelo. Strap-on aún en su culo, lo follo hasta que grito yo. Mi orgasmo me sacude, coño vacío pero pulsando. Tres veces me corro, él exhausto. Me quito el arnés, lo beso suave. ‘Has sido bueno, Pablo. Ahora sabes quién manda’. Me visto, sonrío. Puerta abierta, negocio como siempre. Pero dentro, euforia total. Lo conquisté, lo usé, lo hice mío. Poder puro. Quiero más. Él me mira rendido. Perfecto.

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