Cómo tomé el control total y lo hice gemir de placer

Estaba en la fiesta de cumpleaños de mi amiga Corina. Ella ya iba pedo perdido cuando abrió la puerta, música a todo volumen saliendo de su piso. Se tiró encima mía, besándome como loca, sus tetas aplastadas contra mí. ‘¡Mi reina, has venido!’, gritó. Yo reí, pero mis ojos ya estaban en su medio hermano, Pablo. Treinta y cinco años, alto, sonrisa de músico bohemio, guitarra en mano. Lo vi tocar, esos dedos ágiles… Mmm, supe en ese instante: esta noche es mío.

La fiesta avanzaba, calor pegajoso de verano, todos borrachos. Corina se frotaba contra mí, pero yo no paraba de mirar a Pablo. Me acerqué mientras él charlaba con unos colegas. ‘Hola, guapo. Me llamo Lola. Toca algo para mí’, le dije, rozando su brazo. Él sonrió, ‘Claro, ¿qué quieres oír?’. Puse mi mano en su muslo, bajito. ‘Algo que me ponga cachonda’. Sus ojos se abrieron un poco, pero no se apartó. Buena señal. La tensión crecía, yo sentía mi coño humedeciéndose solo de imaginarlo.

La decisión que lo cambió todo

Hice que se sentara a mi lado, bailando en sus rodillas como si ya fuéramos pareja. ‘Eres irresistible, Pablo. Esta noche no te escapas’, le susurré al oído, mordiéndole el lóbulo. Él tragó saliva, ‘Eh… ¿qué dices?’. ‘Lo que oyes. Vas a follarme como yo te diga. ¿Entendido?’. Su polla ya se notaba dura bajo mis nalgas. Perfecto. Corina se fue con otros, Pablo era mío. ‘Ven conmigo ahora’, ordené, tirando de su mano hacia su habitación. Él dudó un segundo, pero me siguió. Cerré la puerta. ‘Quítate todo. Ya’. Él obedeció, polla tiesa saltando libre, gruesa, venosa. La miré, lamiéndome los labios.

Lo empujé al borde de la cama. ‘De rodillas’. Se arrodilló, confuso pero excitado. ‘Ahora lame mi coño hasta que te diga basta’. Me quité las bragas, abrí las piernas sobre su cara. Su lengua entró tímida al principio, pero yo agarré su pelo. ‘Más adentro, joder. Chupa mi clítoris fuerte’. Gemí cuando lo pilló el ritmo, mi jugo chorreando por su barbilla. Olía a hombre caliente, su aliento caliente en mi carne. ‘Bien, así… No pares’. Lo tenía dominado, su polla goteando pre-semen en el suelo.

El clímax donde yo mandaba

Me levanté, lo tiré boca arriba. ‘Ahora yo monto’. Escupí en su polla, la froté contra mi entrada mojada. ‘Mírame a los ojos mientras te follo’. Me hundí despacio, centímetro a centímetro, su grosor estirándome deliciosamente. ‘¡Joder, qué prieta estás!’, gruñó. Yo reí, ‘Cállate y siente’. Empecé a cabalgar, lento al principio, sintiendo cada vena rozar mis paredes. Aceleré, tetas botando, mis nalgas chocando contra sus huevos. ‘Dame la mano, tócame el clítoris’. Él obedeció, yo controlaba el ritmo, subiendo y bajando como una reina.

Lo giré en cuatro, pero yo arriba aún. ‘No te corras hasta que yo diga’. Metí su polla de nuevo, bombeando duro, mi culo rebotando. Sudor mezclado, olor a sexo puro. ‘¡Más rápido, puta!’, me pedía. ‘No mandas tú’. Le pellizqué los huevos, lo oí gemir como loco. Cambié a vaquera inversa, su polla hundiéndose profundo, golpeando mi punto G. Orgasmos míos primero, contrayéndome alrededor de él, gritando. ‘Ahora sí, córrete dentro, lléname’. Él explotó, chorros calientes inundándome, su cuerpo temblando bajo el mío.

Me quedé encima, su polla ablandándose dentro. Lo miré, exhausto, ojos vidriosos. ‘Has sido bueno, Pablo. Pero yo decidí todo’. Beso rápido, sin ternura extra. Me vestí, él aún jadeando. ‘Llámame si quieres más… bajo mis reglas’. Salí, adrenalina pura, coño palpitando de victoria. Lo conquisté, lo usé, lo dejé roto de placer. Poder total, justo lo que quería. Esa noche, yo era la dueña.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top