Mi Renacimiento en el Taller: Tomé el Control y lo Follé Sin Piedad

Era un día de verano brutal, el sol entraba a raudales por la claraboya del taller. Yo, desnuda como siempre cuando esculpo, sudando a chorros, con las manos hundidas en el bloque de arcilla de dos metros y pico. ‘Renacimiento’, lo llamo. Una hembra que nace de mis golpes, de mi furia creativa. Piel mate, pelo negro ondulado pegado a la espalda por el sudor, tetas firmes balanceándose con cada golpe de la espátula. Él había llegado antes, le dije: ‘No hagas ruido, no me toques, solo mira’. Pero lo sentía ahí, respirando pesado, ojos clavados en mi culo redondo mientras tallaba los muslos de la estatua.

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De repente, paramos. La escultura estaba lista, perfecta, fría y mineral frente a mi calor vivo. Me giré despacio, arcilla amarilla manchándome las caderas, los pechos. Lo vi, tieso como una polla en el rincón, pantalones abultados. Sonreí, maliciosa. ‘¿Te gusta lo que ves, eh?’. Se sonrojó, balbuceó un ‘sí… eres increíble’. Me acerqué, balanceo felino, olor a mujer sudada y tierra húmeda llenando el aire. ‘Ya basta de mirar. Ven aquí’. Le agarré la camisa, tiré fuerte. ‘Quítatela todo. Ahora’. Dudó un segundo, pero mis ojos negros lo atraparon. Se desnudó torpe, polla saltando dura, venosa, goteando ya. ‘Buen chico. Pero hoy mando yo. Te voy a usar como quiera. ¿Entendido?’. Asintió, jadeando. Mi coño palpitaba, mojado de pura adrenalina. Lo empujé contra la pared, manos en su pecho, uñas arañando. ‘Arrodíllate’. Obedeció, mirada suplicante.

La Decisión: Él Será Mío Esta Tarde

Le metí los dedos en la boca, luego bajé a mi chochito empapado. ‘Lámelo. Hazme correrme primero’. Su lengua torpe al principio, pero yo guiaba: ‘Más adentro, joder, chupa el clítoris… así, mmm…’. Gemí fuerte, caderas moviéndose contra su cara, arcilla manchándonos a los dos. Me corrí rápido, chorro caliente en su boca, piernas temblando. ‘Ahora levántate’. Lo tiré al suelo, sobre la esterilla llena de barro. Me subí encima, cowgirl total, agarrando su polla gruesa. ‘Mira a Renacimiento mientras te follo’. La froté contra mi raja resbaladiza, luego ¡zas!, me empalé de un golpe. ‘¡Joder, qué prieta estás!’, gruñó. Yo reía, rebotando duro, tetas saltando, manos en su cuello apretando suave. ‘Cállate y aguanta. No te corras hasta que yo diga’. Cambié ritmo, lento y torturador, luego salvaje, nalgas chocando contra sus muslos. Arcilla por todos lados, cuerpos pegajosos, olor a sexo crudo mezclándose con tierra. ‘Date la vuelta’, ordené. Lo puse a cuatro patas, le escupí en el culo, metí un dedo mientras lo follaba por detrás con mi mano en su polla. ‘¿Quieres mi coño otra vez? Pídemelo’. ‘Por favor… fóllame más…’, suplicó. Lo monté de reversa, control total, clítoris rozando su pubis hasta que exploté de nuevo, gritando.

‘¡Córrete ahora! Lléname la polla’. Él rugió, semen caliente inundándome, chorros interminables. Nos quedamos así, jadeando, cubiertos de barro y fluidos, a los pies de Renacimiento. Ella nos miraba, testigo de mi poder. Me aparté despacio, su polla saliendo chorreante. Lo miré desde arriba, sonrisa triunfal. ‘Lo has hecho bien. Pero fue mío todo el rato’. Él, exhausto, solo sonrió. Me sentía invencible, diosa viva junto a mi creación. Esa conquista, esa sumisión total… puro éxtasis. Mañana, quizás otra presa. Pero hoy, yo gané.

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