Me llamo Lucía, tengo 44 años y acabo de revivir esto en mi cabeza. Separada de mi ex Carlos hace meses, pero seguíamos follando de vez en cuando. Él me confesó su fantasía: verme correrme con otro. Sonreí… pero yo iba a mandar. Elegí a Pablo, el hijo de una amiga, 20 años, tímido como un cachorro, puceau confeso. Lo vi en la piscina de su casa, ese bulto enorme en el slip. ‘Mmm, esa polla joven va a ser mía’, pensé.
Lo invité a mi casa esa noche. ‘Ven a nadar en mi piscina privada’, le dije por WhatsApp. Cuando llegó, abrí la puerta en string negro y sujetador que dejaba ver mis pezones duros. Sus ojos se abrieron como platos. ‘Pasa, chaval. Hoy mando yo. Te vas a dejar hacer todo lo que te diga, ¿entendido?’. Él tragó saliva, asintió. Lo llevé al dormitorio, saqué unos pañuelos de seda. ‘Manos arriba’. Lo até a los postes de la cama, suave pero firme. Su slip ya tentaba, polla semi-dura. Me acerqué, respirando en su cuello. ‘Vas a follarme como yo quiera, Pablo. Si te corres antes de tiempo, te castigo’. Él temblaba, ‘S-sí, Lucía…’. Mi coño ya chorreaba, excitada por su nerviosismo.
La Conquista: Decidí que Sería Mío
Empecé despacio, rozando mis tetas en su pecho. Bajé la mano, metí dentro del slip. Joder, qué gorda. ‘Mira qué polla tienes, chaval. Hoy la uso yo’. La saqué, la olí, la lamí el prepucio. Él gemía bajito. Carlos llegó entonces, como acordado, se sentó en la silla. ‘Mira, ex, cómo lo preparo’. Le quité el slip a Pablo, su verga tiesa, venosa, glande fino pero tronco ancho. ‘Abre las piernas’. Me subí encima, restregué mi coño depilado en su punta. Estaba empapada, labios hinchados rojos. ‘Siente cómo te quiere mi chocho’. Bajé lento, su grosor me abrió. ‘¡Joder, qué prieta estás!’, balbuceó él. Yo reí, ‘Cállate y agárrate’. Subí y bajé, controlando el ritmo, tetas botando.
‘Ahora perrito, Pablo’. Lo desaté rápido, lo puse de rodillas. Me coloqué, culo en pompa. ‘Métemela toda, pero despacio’. Empujó, me llenó hasta las pelotas chocando mis nalgas. ‘¡Más fuerte, coño!’. Él obedecía, jadeando, sudando. Mi clítoris palpitaba, corrí la primera vez gritando ‘¡Sí, joder, rómpeme!’. No paró, yo mandaba: ‘Ahora al culo’. Escupí en su polla, guié el glande a mi ano. ‘Empuja… aaaah, cabrón, qué gruesa’. Entró centímetro a centímetro, me estiró delicioso. Carlos miraba hipnotizado. Yo giré la cabeza: ‘Mira cómo me folla el crío, pero yo decido’. Pablo aceleró, manos en mis caderas, yo me tocaba el coño. Segunda corrida, cuerpo temblando, ojos en blanco.
El Follón Brutal: Yo Dirigía Cada Polvo
Lo volteé, lo monté de nuevo en el culo. ‘Chúpame las tetas mientras’. Gemía él, ‘Lucía, me corro…’. ‘¡No! Aguanta’. Lo apreté con los músculos, lo ordeñé. Tercera para mí, arqueándome. Finalmente, ‘Córrete dentro, lléname el culo’. Él rugió, lechada caliente inundándome. Me aparté, semen chorreando. Carlos se acercó, pero yo lo paré: ‘Hoy él me ha dado todo’. Pablo jadeaba, rendido. ‘Buen chico. Vuelve cuando quiera, pero discreto’. Lo besé, vi en sus ojos sumisión total.
Salí de la ducha después, piernas flojas pero poderosa. Ese chaval sucumbió a mí, a mis órdenes. Su polla gorda fue mía, lo hice correrme cuando quise. Carlos me miró con admiración, pero el poder era mío. Ahora Pablo vuelve solo, me folla el culo cada vez que mando. Me siento diosa, conquistando carne joven. Adrenalina pura, placer infinito. ¿Quién necesita sumisión cuando mandas tú?