Tomé el control en la oficina: follé a mi empleado como una diosa dominante

Estaba en mi oficina, revisando mails. Uno raro, de un sitio de historias eróticas. ‘Les jumelles’, decía. Pensé en spam, pero lo abrí. Joder, alguien usó mi email de la empresa para publicar porno. Mi sangre hirvió. Miré a través del cristal: mis empleados, culpables posibles. Alex, el nuevo, me miró de reojo. Ese cabrón… o quizás no.

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Leí el texto. Dos hermanas follando en todas partes. Piscina, aviones… Me mojé. Mis tetas se pusieron duras contra el sujetador. Sudaba, olía a mi coño excitado. No pude más. Me toqué disimuladamente, orgasmosecreto detrás de la pantalla. Grité bajito, mordiéndome el labio. Nadie vio. O sí?

La decisión: él sería mío esa noche

Dos días después, tensión en el aire. Todos sabían del mail. Risas sucias, miradas. Yo, roja como un tomate, pero cachonda. Encontré otro texto del mismo autor: ‘Horas extras’. Sobre una jefa como yo, dominando a un tío sumiso. Descripción exacta: mi pelo castaño, curvas, oficina idéntica. Alex era el héroe. Bingo. Sería mío.

Le pedí quedarme hasta tarde. ‘Dossier urgente, Alex. Te doy el lunes libre’. Sonrió, inocente. A las 18:03, solos. Me senté, abrí la blusa. Tetazas libres, pezones duros. Subí falda, quité bragas, las tiré al monitor. Pie en el escritorio, dedos en el coño. Chorreaba.

Él levantó la vista. Ojos como platos. ‘¿Qué coño haces?’, balbuceó. Sonreí. ‘Lo que tú escribiste, cabrón. Ven’. Golpeó la puerta. Entró, tieso. ‘Jefa…’. ‘Cállate. Acércate’. Le quité el cinturón, até sus manos atrás. Bajé pantalones y calzoncillos. Polla dura, palpitando. No la toqué aún. ‘De rodillas’. La rallonge de la cafetera: até jeans a cinturón. Inmóvil, mío.

El sexo brutal: lo monté hasta el éxtasis

Jugué con labios en su polla a través del slip. Gemía. La saqué: no tan grande como en su historia, pero tiesa. La chupé. Lengua en el glande, succionando. ‘Jefa… por favor…’. ‘Cállate, lame mi coño ahora’. Me senté en su cara. lengua dentro, lamiendo clítoris. Me corrí rápido, ahogándolo en jugos.

No esperé más. Condón del bolso, se lo puse. ‘Boca arriba’. Lo tiré al suelo, pies y manos atrás. Me arrodillé sobre él, coño abierto. Me empalé despacio. ‘¡Joder, qué prieta!’. Cabalgué fuerte. Polla entrando hasta el fondo. Clítoris frotando su pubis. ‘Más rápido, joder’. Sudor, olor a sexo. Sentía olas subiendo. Él gruñía: ‘Me corro…’. ‘No hasta que yo diga’. Frené, apreté. Luego, salvaje. Orgasmosimultáneo. Chorros dentro del condón.

Me levanté, piernas temblando. Él jadeaba, atado. ‘Desátame…’. Sonreí. ‘No eras tú el autor, ¿eh?’. ‘No, jefa, te juro’. Me reí. Le desaté. ‘Vete, y tu lunes libre’. Puerta cerrada, me miré al espejo. Poder total. Mi coño satisfecho, mi ego inflado. Esa noche soñé con más. El oficina era mía, ellos mis juguetes. Adrenalina pura, yo la reina.

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