Acababa de salir de una reunión de cojones con un cliente en las afueras oeste. El tío me había soltado una lista interminable de quejas, todo echándomelo a mí. Joder, me tenía harta. El día ya había empezado mal, con una bronca tonta con mi pareja antes de salir. Necesitaba un desahogo, ya. Y justo cerca estaba la casa de Raúl, mi colega del insti desde hace veinte años. No lo soporto todo de él, sobre todo cómo trata a las tías, pero es mi amigo.
Llego y me abre la puerta con esa sonrisa de ganador. ‘¡Ey, Ana! ¿Qué tal?’, dice, y noto que está especialmente contento. Le estrecho la mano, entro. ‘Pareces que has ganado la lotería, ¿no?’. Se ríe. ‘Mejor que eso, pasa y tomamos un whisky’. Me sirve un trago generoso de su favorito, brindamos. Huele a madera y humo, el salón está en penumbra, perfecto.
La decisión: él sería mío esa tarde
Después de un sorbo, le pregunto: ‘Venga, suéltalo, ¿qué te tiene tan pillo?’. Él se moja los labios. ‘No te mosques, pero desde la semana pasada me estoy follando a la mujer de Luis’. Me quedo flipada. ‘¿La Fanny esa? ¿La rubia con tetas de infarto y culo de escándalo?’. ‘La misma. La que me pone cachondo desde siempre’. Suelta detalles: cómo ella lo miró la bragueta, cómo se olvidó de que él es un machito cuando vio su polla gorda.
Yo río, pero… joder, mientras habla, mis ojos bajan a su entrepierna. Se le marca el paquete, enorme. El corazón me late fuerte. Whisky en vena, calor subiendo por el coño. Pienso: hoy no. Hoy mando yo. Esta tensión… la voy a romper. Me levanto despacio, me acerco. ‘Raúl…’, digo bajito, voz ronca. Él me mira, confuso. ‘Cállate ya de Fanny. Hoy vas a ser mío’. Le pongo la mano en el pecho, siento su corazón acelerado. ‘No te muevas. Yo decido’. Le beso el cuello, mordisco suave. Él jadea: ‘Ana, ¿qué…?’.
‘Shht. Reglas claras: no tocas hasta que yo diga. Quítate la camisa’. Obedece, torpe. Le bajo la cremallera, saco esa verga gruesa, venosa. ‘Joder, sí que estás dotado’. Me arrodillo, la miro. ‘Ahora, solo disfruta’. La chupo lento, lengua en el glande, saliva chorreando. Él gime: ‘Ana… uf…’. Tensión al máximo, mi coño empapado, bragas pegadas.
El polvo brutal donde yo mandaba
Lo empujo al sofá. ‘Pantalones fuera’. Me quito la falda, quedo en tanga y cuissardes que me puse sexy esa mañana. ‘Mírame’. Me monto encima, froto mi coño mojado contra su polla. ‘Vas a follarme como yo diga’. La meto de un tirón, profunda. ‘¡Ahhh!’. Cabalgo fuerte, tetas rebotando. ‘Agárrame las caderas, pero no muevas’. Él obedece, sudando. Cambio: ‘A cuatro patas, ahora’. Me pongo yo, pero le digo: ‘Entra despacio, y solo el capullo primero’. Gime al empujar. ‘Más, cabrón, dame toda esa polla gorda’. La siento partirme, placer crudo. ‘¡Fóllame el culo ahora!’. Escupo en su verga, guío. Entra apretado, quema delicioso. ‘¡Sí! Seca fuerte’. Lo dirijo: ‘Más rápido, joder, hazme correrme’. Orgasmos míos primero, él suplicando.
Le saco, le monto la cara. ‘Lámeme el coño y el culo limpios’. Lengua ansiosa, tiemblo. Lo acabo a pajas, leche caliente en mis tetas. ‘Trágatela tú ahora’. Limpia, rendido.
Me visto despacio, él jadeante en el sofá, mirada de perrito. Sonrío. ‘Ha sido perfecto. Justo lo que quería’. Salgo, adrenalina pura, coño palpitando. Puerta cierra. Yo controlo. Siempre.