Cómo tomé el control y lo follé como quise en la oficina

Estaba en el curro, en ese laberinto de oficinas enorme. Yo, implantada temporal por un contrato de soporte IT. Día sí, día también, curioseando pasillos. Y un día, zas, lo vi. Un tío alto, buen culo marcado en los pantalones, ojos oscuros. Me hipnotizó. ‘Este va a caer’, pensé. Fui directa, sonrisas, miradas que queman.

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Al día siguiente, saliendo del baño, nos cruzamos. ‘Hola’, le dije, voz ronca, segura. Él balbuceó algo, rojo como un tomate. Sonreí, pasé rozándole el brazo. Su olor, colonia fuerte, me puso el coño a hervir. Pasábamos a menudo, yo acelerando el pulso con guiños. Él me comía con los ojos, pero yo decidí: hoy mando yo.

La decisión que lo cambió todo

Fue el día del paquete. Él iba cargado de folletos del correo, justo delante de mi puerta. Se le cayó todo, un desastre. Me agaché, tetas al aire casi, recogiendo. ‘Perdón, qué torpe’, murmuró. Yo, riendo: ‘Tranquilo, guapo. Por esto te invito a una copa. 19h abajo’. No preguntó, aceptó. ‘Vale, pero yo elijo el sitio’, añadí, mirándolo fijo. Él tragó saliva. Punto para mí.

En la brasserie, charlamos. Se llama Pablo. Prestador como yo, solo en la oficina. Nuestros dedos se rozan, chispas. Le cuento mis gustos, le miro la polla abultada bajo la mesa. ‘¿En qué piensas?’, pregunto. ‘En ti’, dice tímido. ‘Bien, porque esta noche vienes a casa. Y yo decido cómo acaba’. Sus ojos se abren, pero asiente. Tensión pura, mi tanga empapada.

Llegamos a mi piso. Lo empujo contra la puerta, beso salvaje. ‘Quítate la camisa’, ordeno. Obedece, manos temblando. Bajo, beso su pecho, muerdo pezón. Ceñidor abierto, polla dura saltando. ‘A la cama. Ahora’. Lo arrastro. Me quito el vestido, quedo en tanga. ‘Túmbate’. Me monto encima, froto mi coño contra su cara. ‘Lámeme, hazlo bien’. Su lengua torpe al principio, luego experta. Gimo, aprieto sus huevos.

El polvo brutal donde mandé yo

Lo volteo, cabalgo su polla. ‘No te muevas, yo marco el ritmo’. Arriba y abajo, lento, torturándolo. ‘¡Joder, qué apretada!’, gruñe. Acelero, tetas rebotando, clítoris rozando. Cambio: a cuatro patas él, yo detrás, meto dedos en su culo mientras lo pajéo. ‘¿Te gusta, eh? Dilo’. ‘Sí, fóllame’. Le monto de lado, polla profunda, mis uñas en su espalda.

Lo pongo a cuatro, levanto su culo. ‘Ahora yo te follo’. Le chupo el ojete, meto lengua. Vuelve la cabeza, suplicante. ‘Pídemelo’. ‘Por favor, métemela’. Empujo, entro despacio, gime como puta. Bombeo fuerte, azotando nalgas. ‘¡Más, dame más!’. Cambio a misionero, piernas en hombros, follo brutal. Él se corre primero, chorros calientes dentro. Yo sigo, orgasmo brutal, coño contrayéndose.

Después, él jadeando, yo sonriendo. ‘Has sido bueno, pero yo mandé’. Lo beso, posesiva. Me visto, él aún desnudo. ‘Vete, pero volverás cuando yo diga’. En el coche, SMS mío: ‘Hoy no me lavo la boca. Mañana en el curro, más’. Poder total, él mío. Adrenalina pura, coño satisfecho. Lo conquisté, lo usé, y quiero más.

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