Estábamos en Valencia, Pablo y yo, parando en un hotel cutre antes de volver a casa. El bar estaba a dos pasos, lleno de tíos babosos, pero la birra fría valía la pena. Nos apoyamos en la barra, las únicas plazas libres. De repente, Pablo me da un codazo. ‘Mira esa mesa del fondo’. Era ella. Sofia, con su vestido blanco escotado, copa de vino entre tanto macho bebiendo cerveza. Incómoda, pero jodidamente sexy. Su novio, o marido, grandullón como un toro, la protegía. La reconocí al instante. Días antes, en el río cerca de las playas nudistas, la vimos de espaldas, desnuda, saliendo del agua. Agua chorreando por su piel bronceada, pechos pequeños firmes, culito perfecto y una tira de vello cubriendo ese coñito que pedía guerra. Habló con dos tíos desnudos, besó a uno… y el otro se puso tieso como una piedra. Puta en potencia.
‘Vamos a saludar’, le digo a Pablo. Agarro una silla y nos cuelamos. ‘Buenas noches, ¿molestamos?’. Se presentan: Sofia y Miguel. Bronceados de vacaciones. ‘Nosotros venimos de naturismo en el río’, suelto. Ella se sonroja. ‘¿Integral? Primera vez para mí. El sol en todo el cuerpo…’. Pablo ríe: ‘Ojalá hubiéramos visto eso’. Yo miro a Sofia fijo: ‘Cambiemos de sitio, aquí no se oye ni polla’. Salimos y entramos en un cabaret viejo al lado, vacío. Pedimos vino, nos sentamos cerca de la pista.
La Conquista: Decidí que Sería Mía
Pablo me anima: ‘Ve a cambiarte, hace calor’. Vuelvo con un tee amarillo hasta medio muslo, sin braga ni sujetador, pezones duros marcando. Sofia no quita ojo. La dueña pone blues lentos, sensuales. ‘¿Bailas?’, le pregunto. La pego a mí, beso suave… y ella mete mano en mi culo. ‘Subid a la escena’, dice Miguel. Yo agarro a Sofia, la subo. Le levanto el vestido, aprieto sus nalgas. La beso duro, lengua dentro. La sala se llena de tíos del bar de enfrente. No paran. Le quito el vestido: solo braguita blanca y sandalias. Pirueta, exhibida. Baja la braguita: coñito depilado, húmedo. Ella la lanza al público.
El Placer Brutal: Dirigí Cada Polla y Gemido
‘A ti ahora’, lee en mis labios. Pablo asiente, sabe mi pacto: yo mando, él mira. Sofia me quita el tee. Desnuda, rasurada fresca, mi coño al aire. Nos comemos tetas, doblo sus pezones con dientes. La giro, abro culo, meto dedos en su coño chorreante. Me los chupo: sabe a puta cachonda. Ella revancha: dedo en mi culo, luego dos. Gimo, me encanta. Me pongo a cuatro, exhibo su mano en mi ano. Bajamos a la pista, multitud alrededor. ‘Toque todo menos pollas en boca. Coños y culos abiertos, pero yo digo cuándo parar’, grito. Manos por todos lados: pellizcan tetas, meten dedos. Yo dirijo: ‘A cuatro a esta zorra’. Un tío la penetra vaginal, otro culo. Ella grita: ‘¡Sí, joder!’. Yo igual: pollas alternas, doble penetración. Carne temblando, sudor, olor a sexo. ‘¡Más duro en su culo!’, ordeno. Gemidos míos mezclados con los suyos.
Sofia a cuatro patas, follada sin piedad, yo la monto de lado, frotando clítoris. Pollas salen echando lefa: mi coño rebosa, culo gotea semen espeso por muslos. Ella igual, cara pringada, pelo pegado. ‘¡Basta!’, grito cuando jadea rendida. Se dispersan. Estamos exhaustas, fétidas de corrida. La ayudo a levantarse, baba chorrea de su coño destrozado. En el baño, caga semen juntas. ‘Me humillas y me pones más’, susurra ella. Yo sonrío: ‘Hoy mandé yo. Tu coño y culo son míos. Te follé con pollas ajenas y gozaste’. Pablo y Miguel limpian restos. Nos fugamos a hoteles, cuerpos rotos pero yo… invencible. Tomé control total, la hice mía, la vi suplicar placer. Esa adrenalina, su sumisión… poder puro. Mañana duele, pero valió cada embestida.