Tomé el Control: Mi Noche Dominando a la Retocadora

Estaba en mi estudio, peinador caqui entreabierto, tetas al aire, braga de algodón gris ya medio húmeda. Juré bajito mientras hacía zoom en unas fotos de mi modelo Audrey. Culazo perfecto en sillón rosa viejo, pero con reflejos de mierda. ‘Joder con la luz’. Aparté un tanga negro con el pie. Mi piso era un caos: vinilos por el suelo, taza de ‘Café, puta’, espejo empañado.

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Sonó el interfono. ‘Sube, cuidado con la alfombra, resbala’. Mila entró: pelo cuadrado, camisa blanca metida en pantalón pitillo negro, tacones charol, labios frambuesa mate. Me escaneó la habitación como una pro.

La Tensión que Me Hizo Tomar las Riendas

‘Arreglador de lujo, hola’. Puso el bolso y se acercó al monitor. ‘Me gusta calibrado. Un portátil va bien, pero una pantalla grande te dice si hay poros o es arte’. Sus ojos se pararon en mis tetas. ‘Buen tiro’.

‘Gracias. Sudaba un poco, no truqué nada’. Me levanté, peinador se abrió más. ‘¿Quieres copa?’. ‘Siempre’. ‘Tinto o whisky?’. ‘Sorpréndeme’. Serví generosa.

‘¿Qué vas a retocar?’. ‘Mírate’. Me puse detrás, brazos a los lados, mi teta rozó su hombro. Casual. Ella clicó. Foto de modelo arqueada, culo al sol matutino. ‘Tienes ojo’, murmuró. Me acerqué a su oreja: ‘Quiero ver cómo ves lo que yo veo’. Rostros a centímetros. Aire cargado.

Me senté en el sofá, piernas abiertas, copa en mano. Provocando. ‘Impresióname’. Se quitó tacones, clicaba rápido, zoom, sliders. Yo miraba su nuque curva, labios entreabiertos, dedos finos bailando. Pensé: ‘Quieres alisar pliegues, Mila? Empezaré con los tuyos’.

‘Eva era abogada. Casada, dos niños. Me dijo: hazme existir como quiero’. Mila asintió. ‘Conozco eso. Hombres que solo te ven para calcetines u orgasmo’. Me levanté, braga floja, tetas firmes, contra la pared. Ella se giró. ‘Eres cruda como tus fotos’.

‘Tus ojos no piden permiso. Me gusta’. ‘Tu coño llena la habitación’. Silencio eléctrico. Di un paso, roce su rodilla con el pie. ‘¿Más precisa con teclado o lengua?’. ‘Mi lengua arregla errores gordos. Me flipa un coño desalineado’.

El Placer Brutal Bajo Mi Dominio

Solté aire, mano en su nuca. ‘¿Me deseas?’. ‘Desde que zoomaste ese clítoris’. ‘Haz algo o me corro sola’. Nos miramos. La cogí por cadera, la pegué a mí, beso salvaje. Lenguas calientes, respiraciones jadeantes. Largo, sucio.

‘Hazme olvidar a los tíos mediocres’. Sonrió. ‘Te desinfecto del machismo’. La empujé al sofá. ‘Esta noche mando yo’. Saqué mi arnés negro, dildo violeta grueso, venoso. Ojos de Mila brillaron.

Lo ceñí, dura. ‘Se llama Justicia. Ábrete’. Dudó un segundo. ‘Hazme tuya’. Le abrí las piernas, braga a un lado, coño mojado reluciente. Dedos dentro primero, dos, curvados. Gimió. ‘Más… joder’. Lengua en su clítoris, chupando lento, círculos. Ella temblaba, manos en mi pelo.

La puse a cuatro, culo arriba. Entré despacio, luego fuerte. Cada embestida la rompía. ‘¡Sí, fóllame!’. Golpes secos, coño apretando el dildo. Sudor goteando, tetas balanceándose. Cambié: la tumbé boca arriba, piernas en hombros, profundo. Clítoris frotando mi pelvis.

‘¡Me corro!’. Gritó, cuerpo arqueado, jugos chorreando. No paré. La volteé, cara al sofá, pelo tirado. ‘Otra vez’. La follé hasta que explotó de nuevo, voz rota, piernas flojas. Yo me corrí frotándome contra ella, ola brutal.

Caímos al suelo, respirando agitadas, olor a coño y sudor. Me quité el arnés, lamí mis dedos con su sabor. Ella jadeaba, mirada rendida. ‘Eres… joder’. Sonreí. ‘Ahora sabes quién manda’.

Tres días después, mail de un ex: ‘Eres más luminosa. ¿Quedamos?’. Reí. Respondí: ‘No acepto archivos corruptos’. Salí sin braga, tetas libres bajo el vestido. Poder puro. Mi coño aún recordaba el control.

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