Tomé el Control: Mi Noche Dominando a un Obrero en la Reserva

Trabajaba ese verano en el Mercadona de las afueras. Equipo de mañana, a las cuatro. Yo, Landelina, diecisiete tacos, pero con ganas de todo. Mi madre siempre rodeada de tíos babeando, yo la veía y aprendía. Quería ser como ella, pero mejor: al mando.

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Chucho era el típico: gordito, con su chupa chups eterna en la boca, moviéndose torpe por los pasillos. Lo oí el otro día, los colegas se reían: ‘Chucho, ¿bandeas flojo?’. Él se picó, me miró. Sus ojos… había hambre ahí. Yo sentí el cosquilleo. Esa noche no dormí pensando en su polla floja. Al día siguiente, decidí: sería mía.

La Tensión que Me Hizo Decidir

Llego en mi scooter, sudada del viaje, braga empapada. Entro en la reserva, fría, oliendo a aceite y cartones. Él maneja el transpalé, sudando. Le sonrío, le planto un beso en la mejilla. Se queda tieso. ‘¿Qué pasa, Chucho?’, digo bajito. Él balbucea: ‘Na-na-nada…’. Me acerco, huelo su sudor rancio, masculino. Saco la chupa chups de su boca, tiro. ‘Hoy mando yo’, le susurro al oído. Su respiración se acelera. Le agarro la mano, la pongo en mi teta. Dura, tiesa bajo la blusa. ‘¿Ves? Esto es tuyo si obedeces’.

Él duda, eh… ‘Pero el jefe…’. ‘Cállate’, corto. Lo empujo contra los racks de agua. Desabrocho su pantalón. Sale su polla: larga, curva, floja como un trapo. Perfecta. La cojo en mano, tibia, pesada. Se endurece un poco. ‘No, no te corras ya’, ordeno. Él gime. Le bajo los pantalones del todo, rodillas blancas, feo pero mío.

Lo giro, cara al estante. Le escupo en la mano, unto su culo. No, espera, yo quiero su polla dentro. Me bajo la falda, nada debajo. Coño mojado, palpitando. ‘Mírame’, digo. Me siento en un cajón, abro piernas. ‘Chúpame primero’. Él se arrodilla, torpe. Su lengua áspera en mi clítoris, lamida floja. Agarro su pelo grasiento, empujo: ‘Más fuerte, joder’. Gimo, sí, así. Huele a su saliva mezclada con mi flujo.

El Acto Bajo Mis Órdenes

Suficiente. Me bajo, lo empujo al suelo. Sobre cartones. Me monto encima, amazona. Cojo su polla semidura, la froto en mi entrada. Desliza, entra despacio. Floja pero llena. ‘Folla, muévete’. Él jadea, sube caderas. Yo bajo fuerte, clac clac contra su tripa blanda. Sudor gotea, nuestros cuerpos pegan. ‘Más rápido’, mando. Grito cuando roza justo ahí. Cambio: me giro, culo a su cara. ‘Métemela por detrás’. Empujo hacia atrás, su polla entra en mi coño, floja pero insistente. Le azoto la pierna: ‘¡No pares!’.

Quiero más. Bajo, su polla sale chorreando mis jugos. La meto entre mis tetas, grandes, sudadas. Aprieto, subo bajo. Él gruñe: ‘Me corro…’. ‘No, chupa mis pezones’. Lamidas torpes, muerdo su oreja. Luego, a cuatro, le ofrezco el culo. ‘Ahora sí, fóllame el ano’. Escupe, empuja. Floja al principio, entra. Duele rico, estiro. ‘¡Más hondo, cabrón!’. Él obedece, agarra mis caderas gordas. Yo me corro primero, tiemblo, chorro moja sus huevos flácidos.

Él no aguanta. ‘Voy a…’. ‘Sácamela, córrete en mi boca’. Me giro rápido, abro. Chupa su polla, bolas en mano. Sale leche aguada, tibia, la trago toda. Lame el resto, limpia. Él jadea exhausto.

Me levanto, tiemblo de placer. Limpio con un trapo, le subo pantalones. ‘Buen chico’, digo sonriendo. Él mira atónito, polla colgando satisfecha. Salgo a trabajar, coño adolorido pero lleno. Puerta del supermercado, sol sale. Me siento diosa. Tomé lo que quise, lo hice gemir como puta. Poder puro, adrenalina en venas. Esa noche soñé repetirlo. Siempre mando yo.

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