Un rayo de sol filtra por el skylight y me despierta. Siento su mano en mi cadera, Javier durmiendo a mi lado, su polla floja aún en mi palma. Respira tranquilo, pero yo… yo no aguanto más. La beso suave en el glande, nada. Saco la lengua, punzante, y juego con esa rendija. Su mano sube, me da una palmada juguetona en la nalga. ‘Sé buena, niña.’ Me río, pero esta vez no. Aspiro su glande en mi boca caliente. En un segundo, me voltea sobre sus rodillas, brazos atrás. ‘¿No te da vergüenza pervertir a un viejo como yo?’ Río fuerte. ‘¿Pervertirte tú? Eres el rey de la perversión.’ Otra palmada, pero yo ya decido. Me levanto, lo empujo al colchón. ‘Hoy mando yo, Javier. Tú solo disfrutas.’ Sus ojos verdes brillan, curiosos. Lo beso duro, lengua dominante, mientras mi mano aprieta su polla que ya despierta. ‘Vas a ser mío, como yo quiera.’ Lo arrastro al puente, agua fresca nos salpica. Me subo a horcajadas en la plataforma trasera, su paquete hinchado frente a mí. Lo beso ahí, bajo. ‘Pequeña puta’, murmura. ‘Sí, pero tu puta. Y ahora, abre las piernas.’ Se ríe, pero obedece. Lo saco del agua, directo a la ducha diminuta. Agua salada resbala por nuestra piel. Su polla se yergue contra mí. ‘Pinocchio despierto’, digo riendo. Pero yo controlo. Lo empujo contra la pared, rodillas en el suelo. ‘Abre la boca.’ No, espera, yo quiero más.
Lo monto ya en la ducha, piernas alrededor de su cintura. ‘Fóllame, pero como yo diga.’ Su polla entra de golpe en mi coño empapado, me parte en dos. Gimo, pero dirijo: ‘Lento primero, cabrón.’ Me levanta, yo me clavo en él, subo y bajo controlando el ritmo. Sus manos en mis caderas, pero yo marco. ‘Más fuerte, pero no corras.’ Agua caliente nos moja, sus tetas contra mi pecho. Cambio: lo bajo, me pongo a cuatro patas. ‘Ahora mi culo, Javier. Pero yo guío.’ Saliva en mi ano, su dedo primero. ‘¿Te gusta?’, pregunta. ‘Sí, mételo despacio.’ Brilla mi humedad, lo unto. Su dedo entra, quema un poco. ‘Para… no, sigue, joder, qué rico.’ Lo saca, ahora su polla gorda contra mi ojete virgen. Presiono, empujo como si cagara. Duele como la hostia, grito. ‘¡Suave, coño!’ Se queda quieto. ‘Acepta, nena.’ Empujo, se abre. Su verga me dilata, entra entera. ‘¡Joder, me rompes!’ Pero placer sube. ‘Muévete ya, fóllame el culo.’ Pistonea lento, yo aprieto esfínter. ‘Más rápido, cabrón, dame duro.’ Me clava, bolas contra mi coño. Grito, se siente en las tripas. Cambio posición: lo monto reversa, culo abajo en su polla. Subo y bajo, polla saliendo y entrando mi ano. ‘¡Mira cómo te trago la polla!’ Sus manos en mis tetas, pero yo mando. ‘No corras aún.’ Lo aprieto, lo ordeño. Él gime como loco. ‘¡Me vengo!’ ‘¡Dentro, lléname el culo!’ Explota, semen caliente inunda mis entrañas. Yo reviento también, coño chorreando sin tocarlo.
La Tensión que Me Hizo Tomar las Riendas
Caemos exhaustos en la ducha. Lo miro, rendido, polla chorreando. Sonrío. Lo tenía. Exacto como quise: yo al mando, él sucumbiendo. Poder puro, adrenalina en vena. Su mirada: adoración total. ‘Eres una diosa’, murmura. Yo, fuerte, segura: ‘Sí, y tú mi juguete. Mañana repetimos, bajo mis reglas.’ Me visto con pareo, él desnudo cocina. Como su homard, pero yo sé: lo conquisté. Él es mío ahora.