Tomé el Control: Cómo lo Hice Mío en la Cancha de Squash

Llegó Carolina, y el rollo fluyó al instante con Julián y conmigo. Gané mi apuesta… y su tanguita roja. Esa primera noche, Román y Carolina probaron el culo por primera vez. Pero las cosas con Julián y ellos se pusieron ambiguas. Julián hasta le propuso algo claro a Román. Yo lo vi venir. Me encanta esa electricidad. Decidí que Román sería mío.

En la cocina, desayunamos con risas sucias. Fuera, llovía a cántaros. Luego, squash en el gimnasio. Jugamos dobles primero. Carolina era una máquina, pero yo quería a Román solo. Terminamos en mi cancha. Vestido corto azul, sudando, piernas tonificadas. Él entró, rojo por el partido con Julián.

La Tensión que Me Hizo Decidir

—¿Julián te dio puntos? —le pregunté, sonriendo.

—Sí, unos pocos. Me enseñó trucos —dijo, jadeando.

Se pegó detrás para mostrar movimientos. Yo lo noté: su polla rozándome. Me excité. Empezamos a jugar. Risitas por fallos. Admiraba su cuerpo sudado. Raqueta en mano, mi falda volaba, mostrando mi culotte blanco. Se tropezó con una bola, cayó sobre mí. Yo debajo, él encima. Su paquete duro contra mi coño. No se movió. Lo sentí crecer.

Me reí. —No somos buenos, ¿eh?

—Depende para qué —le solté, picante—. Estás en forma.

—Tú también —murmuró, avergonzado.

—Vi que disfrutaste. No mientas.

Hablamos de deseos. Le confesé que me gustaba imaginarlo con Julián. Él dudó. Yo decidí: esta noche lo domino. —Ven aquí —le ordené, poniéndome seria—. Quítate la camiseta. Quiero verte sudar de verdad.

Titubeó. —Véro…

—Shh. Yo mando. Baja los pantalones. Ahora.

La tensión subió. Sus ojos verdes brillaban. Sabía que caería.

Después del squash, duchas separadas. Pero yo entré en la de hombres. Julián ya se fue. Román solo, agua caliente. Lo vi desnudo, polla semi. Me quité todo. —Mírame —le dije, acercándome—. Hoy eres mío. Reglas: obedeces. Me tocas donde yo diga. Me follas como yo quiero.

—Caro… —balbuceó.

El Placer Brutal Bajo Mi Mandato

—Olvídala un rato. Yo decido. Arrodíllate.

Se arrodilló. Agua chorreando. Agarré su cabeza, acerqué su boca a mi coño depilado. —Come. Chupa mi clítoris. Fuerte.

Gimió, lamió. Lengua en mi raja húmeda, sorbiendo jugos. Metí dedos en su pelo, empujé. —Más adentro. Sí, joder, así. Ahora mi culo. Lame el ano.

Se hundió, lengua circular en mi ojete apretado. Gemí ronca. —Buen chico. Levántate. Quiero esa polla.

Dura como piedra, venosa, cabezota morada. La chupé salvaje, saliva goteando. Lo miré: —No corras. Aguanta.

Lo empujé contra la pared. Monté su polla de un salto. Coño tragándosela entera. —¡Fóllame! —ordené, clavándome—. No, espera. Yo muevo.

Reboté furiosa, tetas pesadas saltando. Agarré sus huevos, apreté. —Siente cómo te exprimo. Gira, inclínate. Voy por tu culo.

Escupí en mi dedo, metí en su ano virgen. Él jadeó. Bombeé polla y dedo. —¡Joder, Véro! —gritó.

—Cállate y córrete dentro. Lléname el coño.

Aceleré, clítoris frotando su pubis. Eyaculó chorros calientes, inundándome. Yo exploté, contracciones ordeñándolo. Chorros míos mezclados con su leche.

Me bajé, semen chorreando por muslos. Lo besé. —Limpia mi coño con la lengua. Todo.

Obedeció, lamiendo nuestra mezcla. Perfecto.

Salimos, él temblando. Carolina nos miró sospechosa, pero sonreía. Julián guiñó. Esa noche, cena y juegos. Carolina se fue en tren. Yo tenía lo que quería: Román marcado. Poder total. Adrenalina pura. Lo vi sucumbir, y me sentí diosa. Volverá por más. Siempre lo hacen.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top