Tomé el Control: Cómo Seduje a mi Amigo y lo Hice Gemir Bajo Mí

Sonó el timbre. ‘¡Ve a abrir, que yo no estoy lista aún!’, gritó Vero desde el pasillo. Su marido, Juan, corrió a la puerta. Nosotros, mi marido Esteban y yo, Geraldina, llegamos con el calor de julio pegándonos a la piel. Llevaba mi vestido rojo ligero, escote sutil, espalda al aire, faldas hasta medio muslo. Pelo en moño alto. Olía a deseo.

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Entramos. Besos. Juan me miró… ya lo tenía. Ese brillo en sus ojos, fantasmeando con mi culo mientras caminábamos al salón. Nos sentamos. Vero tardaba, como siempre. Esteban bromeó sobre mujeres y retrasos. Yo crucé las piernas, dejando que el vestido subiera. Juan no apartaba la vista. Sonreí. ‘¿Te gusta lo que ves?’, pensé.

La Tensión que Enciende y el Control que Tomo

Apareció Vero, con falda corta azul y top verde que apenas tapaba sus tetas. Esteban se le quedó mirando el pezón marcado. Buena señal. Charla banal, pero el aire cargado. Serví copas. Whisky fuerte para mí. La risa subió. Hablamos de porno. ‘Me pone cachonda ver pollas duras en pantalla’, solté. Esteban se sonrojó. Vero sorprendió: ‘A nosotras también nos excita’. Juan contó cómo Vero le saca la verga viendo pelis.

Aproveché. Levantó la falda de Vero, mostrando su tanga. Yo descruce piernas, abrí un poco. Mi tanguita blanca a la vista. ‘Mira esto, Juan’. Él tragó saliva. Vero respondió con su string negro. Esteban: ‘Estás increíble, Vero’. Yo: ‘Y yo solo llevo esta tanguita fina bajo el vestido…’.

‘Quiero bailar’, dije, estirándome como gata, vestido arriba, string expuesto. Juan me tendió la mano. Bailamos lento. Me pegué a él. Su polla ya dura contra mi vientre. ‘Eres mía esta noche’, le susurré al oído. Mano en su culo, besé su cuello. Él gimió bajito. Le bajé las tiras del vestido. Se cayó. Quedé en string. ‘No te muevas. Yo mando aquí’.

El Acto Brutal: Mi Coño Manda, Él Obedece

Lo llevé a la cama, empujándolo por las nalgas. ‘Quítate la camisa. Lentamente’. Obedeció, ojos en llamas. Bajé su pantalón. Su polla saltó, dura como piedra. ‘Qué verga tan rica… pero es mía ahora’. Me arrodillé, la agarré, la masturbé despacio. Besé el glande, lamí. La chupé hondo, garganta abajo. Sonidos húmedos. Él jadeaba: ‘Geraldina… joder…’. ‘Cállate y disfruta, cabrón’.

Lo tiré al letto. ’69. Ahora’. Me subí encima, coño en su cara. ‘Lámeme bien, o no te follo’. Su lengua en mi clítoris, dedos en mi chochito mojado. Yo devoraba su polla, bolas en mano, apretando. Gemí fuerte cuando corrí, jugos en su boca. Él al borde. ‘No corras aún, puta’.

Me giré. ‘Mírame’. String fuera. Coño depilado, húmedo, abierto. ‘Fóllame, pero como yo diga’. Me monté. Empalé su verga hasta el fondo. ‘¡Ahhh! Sí…’. Cabalgué duro, tetas rebotando. Controlaba ritmo: lento, torturándolo, luego salvaje. ‘¡Más adentro, joder!’. Él: ‘Eres una diosa…’. Agarré sus manos en mis caderas. ‘¡Córrete dentro, lléname!’.

Explotó, chorros calientes en mi útero. Yo corrí otra vez, gritando, cuerpo temblando. Me dejé caer a su lado. Sudor, olor a sexo. Esteban y Vero entraron. Ella encima de él, follando como locos. Sonreí. Lo había conquistado. Su polla mía, su alma rendida. Poder puro. ‘Lo has hecho bien, pero yo siempre mando’. Él besó mi mano. Adrenalina total. Lo que quería, lo tuve. Y más.

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