Cómo tomé el control en la peluquería y lo follé hasta el fondo

Trabajo en una peluquería de un pueblo del norte de España. Pelo corto negro ahora, antes rubia. Él viene cada dos meses, treintañero soltero, guapo, de oficina. Siempre me mira de reojo, pero yo… yo decidí que sería mío. Esa tarde, el salón vacío. Le ofrezco café. ‘Siéntate, no hay prisa’, le digo, rozando su hombro. Siento su calor, su mirada nerviosa. Me apoyo en la mesa frente a él, pantalón negro ajustado marcando mi coño, camiseta blanca apretando mis tetas. Él se pone duro bajo la bata, lo noto.

Hablamos de su vida, de mi ex, un cabrón ausente. Se inclina, su aliento en mi cuello mientras corto su pelo. El peine cae. Me agacho despacio, culo en pompa, sé que me mira. ‘¿Te gustan los hombres como tú?’, le suelto, juguetona. ‘¿Alrededor de treinta?’, responde él, pillado. Río bajito. ‘Termino a las seis’. Su polla ya late. Yo mando ahora.

La decisión que encendió todo

Llega puntual. Puerta cerrada, pero jefa tarda. ‘Siéntate aquí’, le ordeno, empujándolo al sillón de lavado. Me acerco, brazos al cuello, beso corto. Él gime. Lo beso hondo, lenguas enredadas. Manos en su bragueta. ‘Quieto’, murmuro. Bajo el zipper, saco su polla tiesa, venosa. La acaricio, glande hinchado, huevos pesados. Me arrodillo. ‘Mírame’. Boca abierta, lo engullo lento. Lengua en el frenillo, chupando fuerte. Mano en la base, giro. Él jadea, ‘Joder, Céline…’. Trago todo, su leche caliente bajando por mi garganta. Limpio su pija flácida, la guardo. ‘Ahora espera como hombre’. Sonrío, coño empapado.

Jefa llega, salgo. Tres días después, lo recojo. Restaurante chino, manos bajo la mesa. Acaricio su polla dura, él tiembla. ‘Para o te follo aquí’, dice. Río. Motel cerca. Puerta cierra, lo desnudo. Tetas libres, pezones duros. Lo tumbo. ‘Abre las piernas’. Monto su cara, coño en su boca. ‘Lame bien, cabrón’. Lengua en mi clítoris, chorreo en su barbilla. Bajo, empalo su polla. Cabalgo salvaje, tetas botando. ‘¡Fóllame tú? No, yo te follo’. Giro, de espaldas, culo rebotando. Sus manos en mis caderas, pero yo marco ritmo, rápido, hondo.

El clímax que yo mandé

Lo saco, reluciente de mis jugos. ‘De rodillas’. Lo pongo a cuatro, pero yo arriba. Dedos en su culo? No, el mío. Babita en mi ano, glande presionando. ‘Empújala’. Entra, duele rico. Cabalgo anal, lento primero. ‘¡Más adentro!’. Grito cuando corro, ano apretando su pija. Él explota dentro, leche caliente llenándome. Me quedo quieta, sintiendo su pulso.

Salimos del motel exhaustos. Lo miro, rendido. ‘Esto es lo que quería. Tú, a mis pies’. Beso su cuello, mano en su paquete vacío. Poder total, mi coño y culo satisfechos. Él sucumbió, yo gané. Mañana más.

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