Tomé el control total: mi noche dominando a un chico con gafas

Estaba en esa posada cutre al borde del desierto, el aire pesado de humo y sudor. Llevaba días de viaje, mi cuerpo marcado por tatuajes que serpentean por mis brazos y muslos, pechos enormes apretados en un top que cruje. Yo, Carmen, siempre al mando, olfateé la presa perfecta: un chaval con gafas, pelo revuelto, cara de no haber follado en meses. Se llamaba Luis, lo pillé mirando mis tetas mientras comía con su amiga bajita, una niñata viva como Nina.

Sus ojos se clavaron en mí, nerviosos, y sentí esa punzada en el coño. ‘Esta noche es mío’, pensé. Me levanté, mis caderas anchas balanceándose, crucé la sala ignorando las miradas. Me planté frente a él, mi sombra cubriéndolo. ‘Tú, con gafas. Sube conmigo. Ahora.’ Él tragó saliva, gafas empañadas. ‘Eh… ¿yo? ¿Segura?’ Su voz temblaba, adorable. Nina soltó una risita: ‘¡Venga, Lunetas, no la cagues!’ Pero yo ya dictaba reglas: ‘No tocas nada sin mi permiso. Yo decido cómo, cuándo y cuánto. Si no, te dejo con la polla tiesa aquí abajo.’ Él asintió, rojo como un tomate, corazón latiéndole en el cuello.

La tensión que me encendió

La tensión subía mientras subíamos las escaleras chirriantes. Mi mano en su culo, apretando fuerte. ‘Vas a ser bueno, ¿verdad? Vas a darme lo que quiero.’ Él murmuró un ‘sí’ ahogado. Entramos en la habitación mugrienta, puerta azotada. Lo empujé contra la pared, mi aliento en su oreja: ‘Quítate todo. Despacio.’ Se desnudó torpe, polla saltando dura, gruesa, venosa. Dios, qué vista. Mis tetas pesadas rozando su pecho, pezones duros como piedras.

Lo tiré en la cama que crujió. ‘Abre las piernas.’ Me quité el top, tetas rebotando libres, enormes, sudorosas. Sus ojos se abrieron como platos. ‘Chupa’, ordené, metiendo un pezón en su boca. Él mamó ansioso, lengua torpe pero hambrienta, tirando de mi piel bronceada. Gemí bajo, coño chorreando ya. ‘Más fuerte, joder.’ Bajé la mano, agarré su polla palpitante, piel caliente, pre-semen goteando. La apreté, masturbándola lento. ‘Esta polla es mía esta noche.’ Él jadeaba: ‘Carmen… por favor…’

El polvo intenso donde mandé yo

Me subí encima, rodillas a cada lado de su cintura. Coño empapado rozando su punta. ‘Mírame.’ Bajé despacio, su polla abriéndose paso en mi coño apretado, centímetro a centímetro. ‘¡Joder, qué gruesa!’ Sentí cada vena frotando mis paredes, llenándome hasta el fondo. Empecé a mover caderas, lento al principio, arriba-abajo, tetas botando en su cara. ‘No te corras aún, cabrón.’ Aceleré, nalgas chocando contra sus muslos, sudor mezclándose, olor a sexo crudo llenando la habitación. Él gemía: ‘¡No aguanto!’

Lo giré, ahora él de rodillas. ‘Fóllame por detrás, pero como yo diga.’ Empujó, polla hundiéndose profunda, bolas golpeando mi clítoris. Agarré sus caderas, marcando ritmo: ‘Más rápido… ¡sí, así! Clávamela toda.’ Mis músculos tensos, tatuajes brillando bajo la luz tenue. Sentí el orgasmo subiendo, coño contrayéndose alrededor de su verga. ‘¡Córrete dentro, ahora!’ Él rugió, semen caliente inundándome, chorros potentes mientras yo explotaba, jugos mezclados goteando por mis muslos. Temblé, gritando, uñas en sus nalgas.

Me aparté, él jadeando exhausto, polla flácida chorreando restos. Yo, tetas subiendo y bajando, sonrisa triunfal. ‘Lo has hecho bien, Lunetas.’ Me sentía poderosa, invencible, ese rush de conquista puro fuego en las venas. Él sucumbió total, ojos adorándome. Me vestí despacio, dejando su polla marcada por mi coño. ‘Otra vez cuando yo diga.’ Bajé, Nina arqueando ceja: ‘¿Satisfecha, jefa?’ Sonreí. Exacto lo que quería: control total, placer brutal, él roto a mis pies.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top