Tomé el Control Total: Cómo Follé a Mi Jefe en la Discoteca de Lyon

Trabajaba de vez en cuando en el guardarropa de una discoteca en Lyon. Esa noche, llegué con mi mini falda negra ajustada, top transparente que dejaba ver mis tetas perfectas, medias de red y botas de tacón alto. Mi jefe, Marco, un tipo autoritario de unos cuarenta, me pilló al entrar. ‘Alyssa, estás hecha una belleza’, me dijo con esa voz grave. Yo sonreí, pero dentro ardía. Llevaba meses queriendo más curro, más pasta para mis hormonas. Pero no iba a suplicar. No. Esa vez, yo mandaría.

Lo miré fijo, con ojos de fuego. ‘Gracias, Marco. Pero quiero más horas… o algo mejor’, le solté, acercándome. Él sonrió, pensando que era la de siempre. ‘Tengo una idea particular, para clientes que pagan bien’. Propuesta de puta, claro. Pero yo di un paso más. ‘Ven al despacho ahora’, le ordené, tomándole la mano. Dudó un segundo… ‘¿Qué haces?’, murmuró. ‘Cállate y sígueme’, respondí seca, empujándolo suave pero firme por el pasillo oscuro. La música retumbaba fuera, el olor a sudor y alcohol flotaba. Cerré la puerta con llave. Él se apoyó en el escritorio, intrigado. Yo me acerqué lento, mi coño ya palpitando de anticipación. ‘Quítate la camisa’, le dije. Sus manos temblaron un poco. ‘Eres… directa’, balbuceó. ‘Sí, y tú vas a obedecer. Desnúdate todo’. Sentí la adrenalina subiendo, mi piel erizándose. Él era mío esa noche.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Sería Mío

Lo desvestí rápido, su polla ya medio dura saltando del bóxer. Grande, venosa, olor musgoso que me volvió loca. Pero yo dirigía. ‘De rodillas’, ordené. Se arrodilló, mirada de macho domado. Agarré su cabeza y la pegué a mi coño. ‘Lámeme primero, hazme mojada’. Su lengua salió torpe al principio, lamiendo mi clítoris hinchado a través del tanga. ‘Más adentro, joder, chupa bien’. Gemí bajito, mis caderas moviéndose contra su cara. Sudor perlando su frente, saliva chorreando por mis muslos. ‘Buen chico… ahora quítame la falda’. Obedeció, y le abrí las piernas. ‘Méteme los dedos, pero no pares de lamer’. Sentí sus dedos gruesos abriéndome, frotando mi punto G. Yo jadeaba, control total. ‘Para ya. Levántate y siéntate en la silla’. Él obedeció, polla tiesa como piedra. Me subí encima, frotándola contra mi coño empapado. ‘Vas a follarme como yo diga. Preservativo, ahora’. Se lo puso temblando. Bajé despacio, tragándomela hasta el fondo. ‘¡Joder, qué prieta!’, gruñó. Yo reí. ‘Cállate y agárrame las tetas’. Cabalgué fuerte, subiendo y bajando, mis tetas rebotando, uñas clavadas en su pecho. Cambié: me puse de espaldas, rebotando mi culo contra su pelvis, ‘¡Azótame!’. Sus manos en mi culo, rojo ya. ‘Más rápido, fóllame duro’. Él empujaba, pero yo marcaba el ritmo, apretando mi coño alrededor de su polla.

El Follón Brutal Bajo Mis Órdenes

Lo tiré al suelo, a cuatro patas como perra. ‘Ahora yo te monto por detrás’. No, espera… me puse encima en reversa, empalándome salvaje. ‘¡No pares, dame todo!’. Gemía alto, mi clítoris frotando su base. Él sudaba, ‘Me vas a hacer correr…’. ‘¡No corras hasta que yo diga!’. Frené, lo torturé, subiendo solo la punta. Luego, brutal: lo cabalgaba como loca, mi culo chocando, coño chorreando jugos por sus huevos. ‘¡Ahora, córrete dentro!’. Él explotó, jet tras jet llenando el condón, mientras yo me corría gritando, olas de placer rompiéndome, cuerpo temblando. Me aparté, su polla flácida goteando.

Me vestí tranquila, él jadeando en el suelo. ‘150 euros por la prestación… y más horas fijas’, murmuró, pasándome los billetes. Sonreí, sintiendo el poder puro. Mi coño satisfecho, él roto. ‘Buen chico. Esto es solo el principio’. Salí con la cabeza alta, piernas flojas pero alma invencible. Había conseguido todo: pasta, curro, y el subidón de dominarlo. Esa noche, Lyon era mía.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top