Tomé el Control Total: Mi Seducción Ardiente con Rémy

Estaba nerviosa, pero joder, yo controlo todo. Rémy subió las escaleras de Lencería Demaison en Toulouse, domingo por la mañana. Yo lo esperaba en el rellano, con mi falda ajustada, escote que dejaba ver mis tetas firmes, tacones altos. Él me miró, boquiabierto. ‘¿Lang?’, balbuceó. Yo sonreí, fuerte, segura. ‘Ahora soy Alona, mi Rémy. Entra’. Su cara… confusión, deseo. Lo llevé al sofá, nuestras piernas rozándose. Olía a su colonia fresca, mezclada con mi perfume dulce, almizclado.

Le conté todo rápido: mi infancia en España, llegada a Francia con mamá Lena, el acoso en el profe, mi transición. Lágrimas rodaron, pero yo no soy de débiles. Me senté en sus rodillas, sentí su polla endurecerse contra mí. ‘Shh, yo decido ahora’, le susurré al oído, mordiéndole el lóbulo. Sus manos temblaban en mi cintura. ‘Alona… ¿puedo tocar?’, preguntó. ‘No pides, obedeces’, respondí, guiando su mano a mi teta. Gemí bajito cuando rozó el pezón, duro como piedra. La tensión subía, su respiración agitada, mi coño falso palpitando, pero mi clítoris grande –mi polla– ya se despertaba.

La Decisión de Conquistarlo

‘¿Quieres saber la verdad?’, dije, poniéndome de pie. Me quité la blusa despacio, dejando ver el sujetador violeta brillante. Él tragó saliva. ‘Sí…’. Bajé la falda, solo en lencería. Su polla hacía bulto obvio. ‘Tócame aquí’, ordené, cogiendo su mano y poniéndola en mi braga. Sintió las labios silicona, pero debajo, mi verga creciendo. ‘No soy falsa, soy tuya si te portas bien’. Él dudó, yo no. Lo besé fuerte, lengua invadiendo su boca, saboreando su sorpresa salada. ‘A mi habitación. Ahora’. Lo arrastré, su erección rozando mi culo.

En la cama, lo empujé boca arriba. ‘Quítate todo’, mandé. Obedeció, polla tiesa, venosa, goteando pre-semen. Me arrodillé entre sus piernas, olí su hombría. ‘Voy a chuparte hasta que supliques’. Lamí el glande lento, salado, su gemido ronco. ‘¡Joder, Alona!’. Lo tragué profundo, garganta apretando, bolas en mi mano masajeando. Él se retorcía, ‘Para… voy a…’. No paré, succioné más fuerte, su leche caliente explotó en mi boca. Tosí un poco, tragué lo que pude, el resto en mi cara. ‘Primera regla: yo decido cuándo corres’.

El Clímax Bajo Mi Mandato

Limpia, unté lubricante en mis muslos. ‘Acuéstate detrás, fóllame las piernas’. Se pegó, su polla resbalando entre mis carnes suaves, apretadas. ‘Cógeme las tetas, pellízcame los pezones’. Él jadeaba, embistiendo, yo controlando el ritmo con mis caderas. ‘Más lento, cabrón, dura’. Su glande rozaba mi mano que lo masturbaba extra. Gritó, semen chorreando por mis muslos. ‘Buen chico’. Ahora, lo puse a cuatro patas. ‘Quiero tu culo virgen’. Él protestó, ‘Alona, espera…’. ‘Cállate’. Lubriqué su ano apretado, dedo entrando suave, luego dos. Gemía como puta. Mi polla dura, 18 cm, entró despacio. ‘¡Ahh, duele!’, lloriqueó. ‘Relájate, te follaré hasta que ruegues más’. Embestí rítmico, bolas golpeando sus, mano en su polla ordeñándolo. Él explotó primero, yo después, llenándole el culo de leche caliente.

Después, exhaustos, él en mis brazos. ‘Lo has hecho perfecto, Rémy. Yo mandé, tú gozaste’. Sentí poder puro, su sumisión total. Mi verga aún latiendo contra su piel sudorosa. ‘Eres mía ahora, cada vez que quiera tu polla o tu culo’. Él asintió, rendido. Esa adrenalina de conquista, verlo sucumbir… joder, adictivo. Mamá Lena llamó para el almuerzo, pero follamos todo el día. Poder total, placer mío. (628 palabras)

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top