Estábamos en la piscina cubierta de Paula, mi mejor amiga. El 23 de agosto, el calor era asfixiante fuera, pero aquí el agua fresca nos salvaba. Paula, la niña de papá, se quejaba tirada en el transat, con rodajas de zanahoria en los ojos. Yo salí del agua, goteando, y me senté al borde.
—¿Me escuchas, Chu? —murmuró ella.
La Tensión que Me Hizo Decidir Dominarlo
Me reí por lo bajo. La quería, pero su pudor me mataba. Su padre, ese hombre de 48 con slip rojo que marcaba todo, rondaba. Lo crucé antes, semidesnudo, y sentí un cosquilleo. Pero no era él. Era Vincent quien me llamaba esa noche.
Mientras nos duchábamos, sonó mi móvil. Su voz grave: “¿Qué haces esta noche? Mi amigo canceló…”. Sabía lo que quería. Dudé. “No sé si es buena idea…”. Pero colgué y le dije a Paula que iba. Ella sonrió pícara: “Ve, está en falta”.
Llegué a su piso, nervios. Él abrió la puerta en vaqueros, beso cerca de la boca. Entré, piernas temblando. Me senté al piano, toqué algo para calmarme. Él volvió: “¿Quieres vodka?”. Sky con coca para mí, jugo para él. Nos sentamos. La tensión crecía. Su mirada me desnudaba.
“Estás guapísima”, dijo. Yo sudaba bajo el vestido. Me levanté al ventilador. Él eligió una peli, nos sentamos cerca. Su muslo rozó el mío. Sentí su calor. Basta, pensé. Esta vez no me usaría. Yo mandaría. Me giré, lo miré fijo: “Vincent… para de mirarme así. O vas a acabar como yo quiera”.
Él parpadeó, sorprendido. “¿Qué?”. Puse mi mano en su polla, ya dura bajo el pantalón. “Shh. Hoy yo decido”. Lo besé fuerte, mordí su labio. Él jadeó. Me subí a horcajadas, frotándome contra él. “Quítate la camisa”. Obedeció, manos temblando. Le arranqué el botón.
El Placer Brutal: Lo Dirigí Hasta el Éxtasis
Lo empujo al sofá. Le bajo el pantalón. Su polla salta, gruesa, venosa. La agarro firme: “Mírame. Vas a follarme como yo diga”. Él asiente, ojos hambrientos. Me quito el vestido, bragas empapadas. Me siento en su cara: “Lámeme el coño primero. Hazlo bien”.
Su lengua entra, chupa mi clítoris. Gimo, muevo caderas. “Más profundo, joder”. Le clavo uñas en el pecho. Está duro como piedra. Me corro rápido, jugos en su boca. “Buen chico”. Bajo, lo monto. Su polla entra de golpe en mi coño mojado. Cabalgo fuerte, tetas rebotando.
“No te muevas. Yo marco el ritmo”. Subo y bajo, aprieto con mi coño. Él gruñe: “Dios, Chu…”. Cambio: de espaldas, lo follo sentada. Manoseo sus huevos. “Dime que eres mío”. “Soy tuyo… fóllame más”. Le doy nalgadas. Lo giro, lo pongo a cuatro. Le meto un dedo en el culo mientras lo chupo.
Vuelvo a montarlo, misionero pero yo arriba. Clavo rodillas en el sofá, follo salvaje. Su polla palpita. “Córrete dentro, pero solo cuando yo diga”. Acelero, coño chorreando. “Ahora”. Él explota, leche caliente llenándome. Grito mi orgasmo, tiemblo encima.
Me aparto, jadeante. Él exhausto, polla goteando. Lo miro: sudor, marcas mías en su piel. Sonrío. Tengo lo que quería. Poder total. Me visto despacio. “Buena noche, Vincent. La próxima, pídemelo”. Salgo, piernas firmes. Adrenalina pura. Él sucumbió. Yo reino.