Cómo Tomé el Control de una Vendedora Caliente y la Hice Rendir

Me desperté con el coño un poco dolorido, después de una noche loca con mis dos machos. Pablo, el joven, promete en cantidad, pero le falta técnica. Ramón, el viejo, sabe follar, pero es impaciente. Pasé la mano por mi raja… ay, duele, pero nada grave. Suspiro. Necesito algo, pero no hay dios por aquí.

Me levanto, voy al baño. Veo a Ramón roncando, su polla flácida entre pelos. Sonrío. Voy a la ducha, me froto bien, el agua caliente resbalando por mis tetas. Me pongo una bata ligera y entro en su cuarto. ¿Ceinturon o lengua? Elijo lengua. Me arrodillo, chupo su verga despacio. Se pone dura rápido, llena mi boca. Mmm, casi me ahoga. Cuando tiembla, paro.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Ella Será Mía

—Levántate, prepara café.

—Estoy atado, Lucía.

—Ven, te desato. Gírate.

Lo desato, quito venda. Lo miro.

—No estás mal, pero baja 15 kilos o nada de follar. Empieza hoy.

—Diez…

—Quince. O nada.

Obedece refunfuñando. Prepara desayuno. Yo me visto sin bragas, tetas libres bajo camiseta. Como sola, él en su mesa. Luego, le ordeno limpiar, dame tu pasta. Salgo a la calle, libre, con cash.

Veo a Pablo.

—Hola, guapo. ¿Cuántas pajas desde ayer?

—Dos, señora.

—Sácatela aquí, en la calle. Ahora.

—Pero…

Le aprieto la polla. Se la saca, menea rápido. La calle vacía, adrenalina. Lo miro fijo.

—Vas, amor, me pone tu verga. Sigue.

Jadea, gime, chorrea esperma. Le dejo hecho polvo.

En el centro comercial, entro en lencería. La vendedora, Carla, tetas grandes, me sigue a la cabina. Me mira comer con los ojos. Se mete, toca mi sujetador.

—No te queda bien.

Me lo quita, agarra mis pezones. Gimo. Sus labios en mi cuello. Me caliento, coño mojado. Pero yo mando.

Oigo ruido fuera. Ella sale. Vuelvo, desnuda de cintura para abajo, piernas abiertas. Entra, ¡pum! Puñetazo en su barriga. Cae de rodillas. Agarro su pelo, tiro cabeza atrás.

El Acto Brutal: Dirigiendo Cada Gemido y Posición

—Escucha, puta. Me vas a chupar el coño hasta que corra. Si lo haces bien, te follo después.

—Sí…

Empujo su cara entre mis muslos. Su lengua en mi raja, lame suave. Mmm, experta. Va al clítoris, chupa, mete dedos. Tiemblo.

—Sí, ahí, cabrona. Chupa fuerte. ¡Joder, voy a correrme!

Exploto, jugos en su boca. La aprieto más, lame todo. Me apoyo en la pared, piernas flojas.

—Buena chica. Vuelve a las 13:00, en tu casa.

Salgo flotando, compro slips para Ramón. Vuelvo, la veo nerviosa. Me coge la mano, subimos a su piso.

—¿Cómo te llamas?

—Lucía. Tú, Carla.

Entra, me besa salvaje.

—Ahora te follo yo, zorra.

Me tira pelo, masajea tetas. Me dobla, dedos en coño. Placer sube, pero no. La empujo al sofá.

—Arrodíllate.

La desnudo, tetas enormes. La tumbo, abro piernas. Lamo su coño peludo, clítoris hinchado. Gime alto.

—No pares…

Chupo labios, meto lengua. La monto, frotamos coños. Ella jadea, yo controlo ritmo. La pongo a cuatro, dedos en su culo.

—Pídemelo.

—Hazme correr, Lucía, porfa…

Acelero, clítoris entre dientes. Se corre gritando, cuerpo convulso, cuernos apretándome.

La abrazo, sudadas. Duerme en mis brazos. Despierto, pizzas, vino. Charla. Se va al curro. Yo siesta, ducha, coño listo para más.

Regreso a casa de Ramón, poderosa. Él obedece. Yo controlo todo. Esa satisfacción… joder, me hace adicta. Poder total, placer mío.

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