Estaba furiosa. Mi marido, ese hijo de puta, se largaba un domingo para follarse a Beatriz. ‘¡Si te vas, me follo al primero que cruce esa puerta!’, le grité, con el bikini pegado al cuerpo por el sudor de agosto. Él se rio, el muy cabrón. ‘Vale, pero solo si entra solo. Nada de trampas’. Se fue riendo, deseándome ‘suerte’.
Yo, sudando en la terraza, con las tetas a punto de salirse del top diminuto. El corazón me latía fuerte, la adrenalina subiendo. ¿Y si…? Suena el timbre. Abro de golpe, pensando que era él volviendo. No. Un vecino mayor, el del jardín de al lado, con un folleto de la alcaldía sobre ahorrar agua. Pelo blanco, pero en forma, polo ajustado marcando pecho ancho, short corto dejando ver piernas musculosas. Eh… atractivo, para su edad. Lo miro de arriba abajo, mi coño ya humedeciéndose.
La chispa que encendió mi dominación
‘¿Qué quieres?’, digo seca, pero con voz ronca. ‘Recordar las normas del agua, señora’. Su voz calmada, ojos clavados en mis curvas. Sonrío por dentro. Este es. ‘Pasa, hace un calor de cojones’. Cierro la puerta. En la cocina, le sirvo una cerveza fría. Nuestras miradas chocan. Siento el poder. ‘Eres guapo, ¿sabes? Mi marido me dejó sola… y cachonda’. Me acerco, mi mano en su pecho. Él duda, ‘Yo…’. ‘Cállate’, le ordeno, besándolo fuerte. Mi lengua invade su boca, mis tetas contra él. Lo empujo al sofá. ‘Aquí mando yo. Quítate la ropa. Ahora’.
Sus manos tiemblan quitándose el polo. Polla ya medio dura bajo el short. Se la saco, gruesa, venosa, cabeza hinchada. ‘Mmm, buena polla para un viejo’. Me arrodillo, la chupo lento al principio, lengua girando en el glande, saliva chorreando. Él gime, ‘Dios…’. La trago profunda, hasta las huevos, mirándolo fijamente. ‘No corras todavía, cabrón’. Le aprieto las bolas, suave pero firme. Mi coño palpita, mojado, goteando por los muslos.
Follada brutal: yo al mando, él rendido
Me levanto, me arranco el bikini. Tetas libres, pezones duros. Lo monto a horcajadas. ‘Mira cómo te como’. Guío su polla a mi entrada, resbaladiza de jugos. Bajo despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me llena. ‘¡Joder, qué prieta estás!’, gruñe. Cabalgo fuerte, culo subiendo y bajando, tetas rebotando en su cara. ‘Chúpamelas’. Le meto un pezón en la boca, él mama como loco. Cambio ritmo, girando caderas, mi clítoris rozando su pubis. ‘¡Más rápido! No pares’. Lo clavo en mí, piel chocando, sudor mezclándose, olor a sexo crudo llenando el aire.
Lo volteo, a cuatro patas él ahora. No, yo decido. ‘De espaldas’. Lo pongo boca arriba, me siento en reversa, mi culo en su cara. ‘Lámeme el culo mientras te follo’. Su lengua en mi ano, caliente, ansiosa. Subo y bajo en su polla, follándome salvaje. ‘¡Voy a correrme!’. Él tiembla, ‘Yo también…’. ‘¡Dentro! Lléname de leche’. Siento su polla palpitar, chorros calientes inundando mi coño. Yo exploto después, contrayéndome, jugos mezclados chorreando por sus huevos. Grito, temblando encima.
Me bajo, jadeando. Él exhausto, polla flácida goteando. Lo miro, sonriendo. ‘Vete ahora. Ha sido perfecto’. Lo visto yo misma, lo empujo a la puerta. Cierro, sintiéndome diosa. Poder puro. Obtuve lo que quería: control total, placer brutal. Mi marido volverá, pero yo soy la reina. Esta conquista me tiene empapada aún. Quiero más.