Mira, te voy a contar lo que me pasó hace nada con ese tipo, Javier. No es un flacucho, eh, tiene cuerpo, manos grandes, de esas que prometen agarrar bien. Me encanta un hombre así, que llene las manos, pero que sepa quién manda.
Estaba en un congreso de caridad en mi ciudad. Aburrida, me senté en la sala grande. De repente, mi vecino de asiento tira su bolso por accidente. Vamos los dos a por ello, pum, cabezazo. ‘¡Ay, joder!’, digo riendo. Él se masajea la frente: ‘Perdón, soy un torpe’. Yo, sonriendo: ‘No, culpa mía. Pero para compensar, te invito a un café en el descanso’. Se queda mirándome, con esa boba en la cabeza creciendo.
La Chispa y Mi Decisión de Conquistar
En el bar, charlamos. Se llama Javier, de aquí, soltero, unos años más que yo. Yo le cuento que acabo de mudarme por un ex gilipollas. ‘No soporto a los que se creen dueños’, le digo, mirándolo fijo. Él asiente, nervioso. Le propongo: ‘Ven a mi piso, te pongo una compresa fría’. Acepta, claro. En mi apartamento, aún con cajas por todos lados, le mojo un paño en agua helada. ‘Quédate quieto’, le ordeno suave, rozándole la piel. Siento su calor, su mirada bajando a mis tetas, un 95D que se marcan bajo la blusa.
Vamos a un self cerca. Él come, yo le sirvo, le ajusto la silla. ‘Me siento mal por el golpe’, digo. Él: ‘No pasa nada’. Pero yo veo sus ojos en mí. ‘Oye, ¿juegas a las cartas?’, pregunto de repente. ‘Un poco’, dice. ‘Pues hagamos strip-batalla en mi casa esta noche. Yo pongo las reglas’. Se queda mudo, pero dice que sí. La tensión sube. Sé que lo tengo.
Llego a casa, me ducho rápido, me pongo un albornoz, string y sujetador delante, minifalda y top transparente. Abro, él con flores. ‘Qué mono’, digo, pero ya mando: ‘Quítate hasta tener cuatro prendas: pantalón, camisa, slip y un pañuelo que te ato al cuello’. Se ríe nervioso. ‘Reglas: quien pierde, el otro le quita lo que quiera, como quiera. El último desnudo dirige el final’. Reparten cartas. Primera, él pierde. ‘Te quito el pañuelo con la boca’, digo. Me acerco, huelo su cuello, muerdo el nudo, tiro. Mi aliento en su piel, él jadea.
Siguiente, yo pierdo. ‘Quítame la falda’, le digo levantando brazos. Él la baja lento, rozándome las piernas. Mi coño ya moja el string. Pero sigo mandando. Él pierde otra: ‘Pantalón con dientes’. Me arrodillo, muerdo la cremallera, bajo, su polla dura asoma en el slip. La rozo con la nariz, él gime: ‘Joder, Carmen…’. Yo: ‘Silencio, sigo yo’.
Dominando Cada Posición y Gemido
Camisa fuera, slip casi reventando. Mi turno de perder: top. Él lo sube, tetas libres, pezones duros. Se le escapa un ‘Dios’. Ahora él en slip, yo en sujetador y string. Última baza. Gano yo. ‘Te arranco el slip’. Lo bajo de un tirón, su polla salta, gorda, venosa. La agarro: ‘Ahora soy yo la jefa’.
Lo empujo al sofá. ‘De rodillas’. Le chupo la polla, lengua en el frenillo, bolas en la boca. Él tiembla: ‘Para, voy a…’. ‘No corres’. Lo monto, coño chorreando sobre su verga. La meto de golpe, cabalgo fuerte, tetas botando. ‘¡Fóllame tú!’, suplica. ‘No, yo follo’. Cambio: lo pongo a cuatro, dedo en su culo mientras lo monto por detrás, no, espera, yo decido. Lo tumbo, piernas en hombros, le como el culo con lengua, dedo dentro, lubricado con mi saliva. Él grita: ‘¡Carmen, joder!’.
Lo penetro con dedos, tres ya, mientras le zurro la polla. ‘Ahora mi culo’. Me pongo a cuatro, guío su polla a mi ojete. ‘Despacio, pero métela toda’. Empuja, lleno, duele rico. Cabalgo yo, él quieto. Cambio: lo monto vaginal, piernas al cuello, coño apretando. Gime como loco, yo corro dos veces, chorros en su polla.
‘¿Cómo quieres correrte?’, pregunto. ‘En tus tetas’. Perfecto. Me arrodillo, se las mama mientras me pajea entre ellas. ‘¡Ya!’, dice. Chorros calientes en mi escote, boca, pelo. Limpio su polla con lengua, sabor a mí y él.
Me siento poderosa, sudada, él exhausto a mis pies. ‘Buen chico’, le digo. Lo conquisté, lo usé como quise. Esa adrenalina, ver cómo sucumbe… uf, quiero más.