Estábamos en casa de Jules, después de años sin vernos. La pandilla al completo, risas, música a todo volumen. Prince sonaba, ‘When Doves Cry’, y el aire se cargaba de algo eléctrico. Yo, Carmen, la española que siempre ha ido a por todas, lo vi a él. Jules, pálido, perdido en sus recuerdos con Fiona, que acababa de reaparecer como por arte de magia. Sus ojos… joder, transmitían una vulnerabilidad que me puso cachonda al instante. Me encanta eso, oler la debilidad y convertirla en mi conquista.
Me acerqué bailando, rozando su cuerpo con el mío. ‘Ey, Jules… ¿todo bien?’, le susurré al oído, mi aliento caliente en su cuello. Él titubeó, ‘Sí… solo… un poco mareado’. Perfecto. Lo agarré de la mano, tirando de él hacia el pasillo oscuro. ‘Ven conmigo. Ahora’. No preguntó, solo me siguió, obediente ya. En la habitación, la que olía a pintura fresca, cerré la puerta. ‘Quítate la camisa’, le ordené, cogiendo un tubo de pintura azul. Sus ojos se abrieron grandes, ‘Carmen, ¿qué…?’ ‘Shh, calla. Hoy mando yo. Tú solo déjate llevar. Si no, te vas’. Tragó saliva, asintió. La tensión subía, su pecho subía y bajaba rápido. Yo sonreí, dominante. ‘Buen chico’.
La Decisión que Cambió la Noche
Empecé a pintarlo. El pincel suave sobre su piel, trazando líneas azules por su torso. Sus pezones se endurecieron al toque. ‘Mira cómo tiemblas… ya eres mío’. Él gemía bajito, ‘Joder, Carmen… esto es…’. Le tapé la boca con la mano. ‘No hables. Siente’. Le bajé los pantalones de un tirón, su polla saltó dura, palpitante. La pinté de rojo, mis dedos resbalando por el tronco, el glande hinchado. ‘Vas a follarme como yo diga. Primero, de rodillas’. Se arrodilló, obediente, lamiendo mi coño ya mojado. ‘Así, lengua adentro… más profundo’. Gemí, agarrando su pelo, marcando el ritmo. Su lengua chupaba mi clítoris, succionando, y yo me corría rápido, salpicándole la cara.
El Placer Bajo Mi Dominio
Lo empujé a la cama. ‘Ahora, yo arriba’. Me monté en su polla de un golpe, empalándome hasta el fondo. ‘¡Fóllame fuerte, pero solo cuando yo diga!’. Cabalgaba salvaje, mis tetas rebotando, pintadas de rojo y azul mezclándose en sudor. ‘Más rápido… joder, sí… ¡dale a mi coño!’. Él jadeaba, ‘Carmen… no aguanto…’. ‘¡Aguanta, coño!’. Cambié posición, lo puse a cuatro, yo detrás con los dedos en su culo mientras lo follaba con mi mano en su polla. ‘Siente mi poder… córrete cuando yo mande’. Le metí dos dedos, masajeando su próstata, y él gritó, explotando semen por todos lados. Yo seguí moviéndome, corriéndome otra vez, apretando su polla con mi coño.
Después, él tirado, exhausto, mirándome como un perrito. ‘Dios, Carmen… has sido… increíble’. Yo me levanté, limpiándome el sudor y la pintura, sintiéndome una diosa. Ese poder, ver cómo sucumbía totalmente a mis deseos… puro éxtasis. La adrenalina de la conquista me recorría las venas. ‘La próxima vez, más’. Salí de la habitación con una sonrisa, dejando su cuerpo marcado por mí. Había conseguido exactamente lo que quería: control total, placer brutal, y él, rendido a mis pies.