Tomé el Control: Cómo Dominé al Escritor en Nuestra Reunión Caliente

Estábamos en esa cafetería literaria, yo con sus folios en las manos. Ojos verdes fijos en las líneas, mi lengua jugando entre los dientes, haciendo ruiditos… Él me mira, el escritor presumido. Yo suspiro, profundo, como después de un buen polvo, con el cuerpo sudado.

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Él deja caer el lápiz, se agacha. Ve mis piernas abiertas bajo la mesa, los medias negras, el tacón… y mi tanga roja asomando. Se endereza, rojo como un tomate, me enseña el lápiz como si fuera un trofeo. Patético.

La Tensión que Desató Mi Decisión

Le suelto lo del male gaze, cómo sexualiza a todas las mujeres en sus historias. Él balbucea, defiende su patriarcado de mierda. Yo cruzo las piernas lento, rozando su rodilla por debajo. Sus ojos se clavan en mi escote, la blusa negra con encaje dejando ver mis tetas firmes.

— ¿Por qué siempre miras así, eh? —le digo, inclinándome, mi aliento en su oreja—. Ahora yo miro. Tú serás mío hoy.

Él tartamudea: —Pero… Mona…

—Calla. Vamos a mi piso, aquí al lado. O te vas sin tu texto aprobado.

La tensión sube. Mi coño palpita, húmedo ya. Lo arrastro fuera, su polla dura contra los pantalones. Abro la puerta, lo empujo adentro. Cierro con llave.

Lo miro de arriba abajo. —Quítate la ropa. Todo. Ya.

Obedece, temblando. Su polla salta, tiesa, gorda. Sonrío. —Buen chico.

Me acerco, mis dedos con anillos rozan su pecho. Le pellizco un pezón. —De rodillas.

Él cae. Yo levanto mi falda, aparto la tanga roja. Mi coño depilado brilla de jugos. —Lameme. Hazlo bien o no te dejo correrte.

Su lengua torpe al principio, luego ansiosa. Chupa mi clítoris, mete la lengua dentro. Gimo, agarro su pelo negro. —Más profundo, joder…

Lo monto en la cara, restregando mi coño contra su boca. Él jadea, ahogándose en mis fluidos. —¡Sí, así! Traga todo.

Me corro fuerte, temblando, chorros en su cara. Él tose, pero lame más. Levanto la falda del todo, me quito la blusa. Mis tetas saltan, pezones duros.

—Ahora fóllame. Pero yo mando.

Lo tiro al sofá, me siento encima. Guío su polla gorda a mi coño chorreante. Baja despacio… ¡Ahhh! Llenándome hasta el fondo. Empiezo a cabalgar, lento al principio, mis caderas girando.

El Placer Total Bajo Mis Órdenes

—Fóllame duro, pero obedece. No te corras sin permiso.

Acelero, tetas botando. Él gime: —¡Mona, por Dios!

Le tapo la boca. —Cállate y agárrame las tetas. Aprieta.

Sus manos en mis curvas, pellizcando pezones. Yo reboto, polla entrando y saliendo, chapoteando en mi coño. Cambio: me pongo de espaldas, culazo en su cara. —Mira cómo meneo.

Empujo hacia atrás, follando yo. Su polla palpita dentro. —¡Joder, qué prieta estás!

—Silencio. Date la vuelta.

Lo pongo a cuatro patas. Saco lubricante del cajón. Mojo mis dedos, meto uno en su culo. Él se tensa. —Relájate, cabrón. Ahora sabes lo que es ser mirado.

Dos dedos, luego mi mano en su polla, pajeadándolo mientras lo penetro. Él gruñe, suda. —¡Voy a correrme!

—No. Aguanta.

Lo monto de nuevo, facing away. Mi culo rebotando en su pelvis. Clítoris frotando su base. Me corro otra vez, coño apretando su polla como un puño.

—Ahora sí. Córrete dentro.

Explota, chorros calientes llenándome. Yo sigo moviéndome, exprimiéndolo todo. Me levanto, su semen chorreando por mis muslos.

Lo miro, jadeante, roto. Limpio mi coño con sus calzoncillos. —Tu texto pasa. Pero con mi versión: yo al mando.

Me visto, peino mi melena negra. Él ahí, desnudo, polla flácida. Salgo, sonrisa triunfal. Me siento poderosa, invencible. Él sucumbió total. Mi coño aún late de placer. Esa es mi conquista. Siempre gano yo.

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