Estaba harta de la rutina. Casa, niños, marido… todo igual. Un sábado en una galería de arte, vi esa foto. Una mujer suspendida en cuerdas, sonriendo, abandonada pero poderosa. No, yo no quería ser ella. Quería atar a alguien. Sentir su piel temblar bajo mis nudos. Esa noche busqué ‘shibari’. Videos, tutoriales… me mojé solo de imaginarlo.
Me apunté a una escuela. Adultos solo, perfecto. Primera clase, lo vi. Alto, fuerte, manos precisas. Se llamaba Marco. Ataba a su modelo con maestría. Nuestras miradas se cruzaron. Él sonrió, confiado. Error. Yo soy la que manda. Después de clase, me acerqué. ‘Oye, Marco… ¿vienes solo siempre?’. Dudó. ‘Sí, ¿por?’. ‘Ven conmigo la próxima. Quiero practicar en ti’. Se rio. ‘¿En serio?’. ‘En serio. Mañana, mi casa. 10 pm. No tardes’.
La chispa que encendió mi deseo de dominar
Llegó puntual. Nervioso, pero con esa polla ya medio dura bajo los pantalones. Lo miré fijo. ‘Quítate todo. Ahora’. Obedeció, lento. Su cuerpo… marcado, pelo en el pecho. Perfecto para mis cuerdas. Lo senté en el suelo, manos atrás. ‘No te muevas. Esto es mío ahora’. Até sus muñecas, takate kote básico. Sus músculos se tensaron. ‘Relájate, o aprieto más’. Pasé la cuerda por su torso, rozando sus pezones. Endurecieron al instante. Él jadeó. ‘¿Qué… qué vas a hacer?’. ‘Calla. Yo decido’.
Lo até completo. Piernas abiertas, expuesto. Su polla saltó, gorda, venosa. La rocé con la cuerda, suave. Gimió. ‘Por favor…’. ‘Shh. Mira cómo tiemblas’. Me quité la ropa despacio. Mis tetas libres, mi coño ya chorreando. Me arrodillé entre sus piernas. Lamí su glande, lento. Salado, caliente. ‘Mmm, qué rica polla’. La chupé hondo, garganta abajo. Él se arqueó, pero las cuerdas lo frenaron. ‘¡Joder! ¡No pares!’. Escupí saliva, la masturbé fuerte. ‘No corras aún. Aguanta’.
Lo puse de rodillas, culo arriba. Cuerdas tirantes, inmóvil. Mojé mis dedos en mi coño, se los metí por el culo. ‘¡Ahhh!’. ‘Te gusta, ¿verdad? Mi puta sumiso’. Empujé, masajeé su próstata. Su polla goteaba precum. La até flojo con una cuerda fina, controlando. ‘Ahora me vas a comer el coño’. Lo acerqué, cara en mi entrepierna. Lamía desesperado, lengua en mi clítoris. ‘Más rápido, lame mi ano también’. Gemí, fuerte. Orgasmos míos primero. Él rogaba. ‘Fóllame, por Dios’.
El clímax: lo até, lo monté y lo vacié
Lo desaté un poco. Lo tiré boca arriba. Monté su cara, ahogándolo en mi coño. ‘Bebe mis jugos’. Luego, su polla. La clavé en mí de un golpe. ‘¡Sí! Qué prieta’. Cabalgué salvaje, tetas botando. Sus caderas querían empujar, pero yo mandaba el ritmo. Lento, rápido. ‘No te corras. Espera mi orden’. Sudor, olor a sexo. Le pellizqué los huevos. ‘¡Voy a…!’. ‘¡No!’. Frené, apreté. Él lloriqueó. ‘Por favor, déjame correrme’.
Aceleré. Mi coño lo ordeñaba. ‘Ahora, córrete dentro. Lléname’. Explotó, chorros calientes. Yo también, apretándolo. Temblamos juntos. Lo desaté despacio, masajeé sus marcas rojas. Él jadeaba, mirándome adorador. ‘Eres… increíble’. Sonreí. ‘Lo sé. Y volverás cuando yo diga’.
Me siento poderosa. Esa noche lo conquisté. Su sumisión, mi placer total. La adrenalina de controlarlo… adictiva. Mañana lo llamo de nuevo. Será mío siempre que quiera.