Tomé el control en la bañera del hotel y lo hice gemir de placer

Esto me pasó hace dos años, en Saint-Claude, un pueblo perdido en el Jura. Reservé una habitación en un hotel cutre, en obras. Llegué tarde, cansada de la ruta de ventas. El recepcionista, todo nervioso, me dice que hay un problema de fontanería. Tengo que compartir el baño nuevo con el vecino. ‘Es un cliente habitual, confía’, me suelta. Y me invita a un trago gratis en el bar.

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

Miro hacia allá. Un tío, unos cuarenta, trajeado, con el portátil abierto. Colega de curro, divorciado, con un hijo en París. Hablamos. Whisky-soda va, whisky-soda viene. Se llama Gérard. Alto, moreno, con esa mirada de bueno que esconde hambre. Grande, fornido, pero con clase. Me excita el rollo. Decido: esta noche es mío. Le digo que yo uso el baño primero, que llame cuando acabe. Pero en mi cabeza ya planeo cómo cazarlo.

La decisión que lo cambió todo

Me meto en la bañera enorme, agua caliente, espuma. Me relajo, toco mi coño despacio, pensando en él. Pasan minutos. Oigo la puerta. Entra, tos seca. ‘Perdón, creí que habías llamado’. Sonrío. ‘No, pasa. Tráeme una toalla, anda, que te mojo todo’. Viene con la toalla abierta, como un fantasma. Bajo la toalla y… ¡joder! Sus ojos en mis tetas flotando. Grandes, pesadas, pezones duros por el agua. Me levanto, agua chorreando por mi triángulo púbico bien recortado, vientre suave.

‘¿Me frotas la espalda?’, le digo, voz ronca. ‘Hace tiempo que no me tocan así’. Prepara mi baño nuevo mientras yo lo miro. Empiezo a mandar. Le cojo las manos, las pongo en mis hombros. Baja por mi espalda, riñones… fosas. Sus dedos tiemblan en mis nalgas. ‘Más adentro’, susurro. Se mete en mi raja, resbaladizo. ‘Chico, no te consiento’, digo riendo, pero giro y le planto las tetas en las manos. Calor sube de mi vientre. Su polla ya asoma tiesa bajo el pantalón.

Le quito la toalla, me envuelvo y lo empujo al baño. ‘Tu turno. Yo vuelvo en un rato’. Me voy a mi cuarto, me pongo un negligé de seda transparente, pelo en turbante. Vuelvo. Él finge dormir. Me acerco, susurro: ‘Hora de secar, caballero’. Sale, polla dura como piedra. Intenta taparla. ‘¡Mira qué pedazo! ¿Vergüenza?’, rio. ‘Tu cuerpo… es irresistible’, balbucea.

El clímax brutal bajo mi mando

Lo seco yo. Hombros, pecho… bajo al vientre. Piernas abiertas en la alfombrilla. ‘Te pongo cachondo, ¿eh?’. La toalla roza su polla, huevos. Baja por la verga, suave. Le planto un beso casto en el glande. Saliva. Se sienta en el borde. Agarro su cabeza: ‘Chúpamela’. No, espera. Yo mando. ‘Abre la boca’. Mis labios carnosos lo envuelven. Calor húmedo, lengua girando en su tronco. Lo chupo hondo, violenta. Gime, ‘¡Dios!’. Abstinente, dice después. Yo acelero, pompo.

Lo saco, me arrodillo. ‘Ahora entre mis tetas’. Sudorosas, apretadas. Él suda. Masturbo su polla entre ellas, lamo la gota precorial. Mi mano en su culo. La suya busca mi coño. Labios hinchados, clítoris erecto. Tiembla. ‘¡Joder, sí!’. Grita, pero lo callo metiéndosela en la boca. Se corre en mi mano, yo exploto, jugos al suelo. Él eyacula en mi garganta, espeso, caliente.

Caemos al suelo, pegados. Le beso, semen en mi boca, lenguas revueltas. Tetas aplastadas en su pecho, calor brutal. ‘Gérard’, dice. ‘Yo, Lola’. Otro baño juntos. Nos dormimos. Amanecer, fríos pero saciados. Nunca más nos vimos. Pero yo… yo gané. Lo tuve a mis pies, dirigí cada gemido, cada corrida. Poder puro, lujuria total. Me encanta conquistar así.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top