Estábamos en esa casita del sur, prestada por unos amigos. Mi marido, yo, mi sobrina Emeline y su nuevo ligue, Manuel. Ese negro guapo, alto, con torso de toro y una sonrisa que derretía. Llegamos, piscina pequeña, sol cayendo. ‘¡Vamos a meternos!’, grita Emeline tirando de él. Nadie con bañador. Me quito el vestido, culotte solo, tetas sueltas. Mi marido se desnuda, tímido con su barriguita. Manuel duda, pero Emeline le arranca la ropa. Dios, su polla… En el bóxer, gruesa, colgando a un lado, huevos pesados. Me mojo antes de entrar al agua.
Nadamos, jugamos. Emeline salta sobre él, riendo. Yo me pego a mi marido por detrás, pero mis ojos en Manuel. Sale del agua, polla semidura balanceándose, agua chorreando por sus músculos. ‘Ven, Manuel, ayúdame con las toallas’, le digo, voz firme. Él obedece, sonrisa nerviosa. Mi marido y Emeline adentro. Lo miro fijo. ‘Quítate eso’, señalo su bóxer húmedo. Él traga saliva. ‘Pero Emeline…’. ‘Cállate. Yo mando aquí. Quiero verte entera’. Se lo baja despacio. Polla gorda, venosa, cabeza morada asomando. La cojo en mano, pesada, caliente. ‘Buen chico. Ahora, fóllame con los ojos mientras seco’. Él gime bajito, polla endureciéndose en mi puño.
La tensión que me hizo decidir: él sería mío
Tensión sube. Noche, cena ligera. Bruidos de su cuarto: cama crujiendo, gemidos de Emeline. Mi marido duerme, yo ardiendo. Me levanto, voy a su puerta. Entreabro. Él la taladra duro, ella a gatas. ‘Para’, digo seco. Se congelan. ‘Manuel, sal. Emeline, mira y aprende’. Ella boquiabierta, él sale desnudo, polla tiesa brillando de jugos. Lo arrastro al jardín, piscina iluminada por luna. ‘De rodillas’. Obedece. ‘Chúpame el coño primero’. Abro piernas, él hunde lengua, lameme clítoris, ansioso. ‘Más adentro, joder’. Gimo, agarro su cabeza, froto contra su boca. Sabe a sal, a coño mojado.
Lo empujo al borde piscina. ‘Ahora yo monto’. Me siento en su cara, ahogo gemidos suyos con mi culo. Luego, ‘Polla aquí’. La guío a mi coño empapado. Baja despacio, me estira, llena. ‘¡Joder, qué prieta estás!’, gruñe. ‘Cállate y aguanta’. Subo y bajo, controlando ritmo. Tetazas botando, coño tragándosela entera. Cambio: ‘A cuatro, cabrón’. Él obedece, yo clavo uñas en su espalda. Monto por detrás, froto clítoris en sus huevos. ‘Más fuerte, rómpeme’. Me embiste, pero yo marco: ‘Despacio… ahora sí, métemela hasta el fondo’. Sudor, olores a sexo crudo, polla palpitando. Lo giro, ‘Chúpame tetas mientras te la meto en el culo con dedos’. Él jadea, ‘Sí, María, fóllame tú’. Dos dedos en su ano apretado, polla hinchándose más.
Follada brutal bajo mis órdenes
Lo hago correrme primero: lengua en clítoris, polla en mano. Exploto, chorro en su cara. ‘Ahora tú, dentro’. Lo monto reverse, culo rebotando en su pubis. ‘¡No corras hasta que yo diga!’. Él suplica, ‘Por favor…’. Aguanta, huevos contra mí. ‘¡Ahora, lléname!’. Ruge, chorros calientes inundándome coño. Sale, semen goteando. Lo beso, ‘Buen chico. Vuelve con ella, pero recuerda: yo mando’. Vuelvo a cama, marido roncando, coño lleno de su leche. Poder total, él rendido.
Al día siguiente, desayunos. Manuel me mira sumiso, Emeline ajena. Sonrío. Lo conquisté, lo usé. Adrenalina pura, placer mío al 100%. Su polla es mía cuando quiera. Esa noche, repetimos en silencio, jardín. Yo arriba siempre, dictando cada embestida. Orgasmos míos primero, suyos cuando permito. Poder femenino, joder, no hay nada igual.