Cada mañana monto en mi bici, la falda sube un poco, mis piernas bronceadas al aire. Vuelvo del curro reventada, con mi marido en la cama por su accidente, la pierna jodida, sin sexo desde hace meses. Me masturbo sola, con un buen dildo online, pero echo de menos un polla de verdad. Tengo 42, cuerpo firme, rubia, y en la nueva empresa de import-export, el jefe Richard me mira con ganas. Me llama al despacho: ‘Carmen, viaje a Moscú con Ivanov, el cliente gordo. Charme, cena, prime de 5000 euros si firma’. Sabine, mi colega divorciada y puta, va también. Acepto, por el dinero, por la libido que me quema.
Llegamos, Kremlin rápido, oficinas lujosas. Ivanov, ballenato ruso bebedor, riendo sucio. Vladimir, alto y seco, ligando con Sabine. Y él… Ivan, el guardaespaldas. Músculos como Craig, ojos de acero, cicatrices. Me sonríe al darme un vaso, y siento el chispazo. En la cena, vestido negro escotado, piernas al aire. Ivanov me mete mano en el muslo, resbalo la mirada a Richard, pero él ni mú. Sabine glausa con Vladimir. Ivanov sube la falda, digo ‘¡No!’, él ríe. Bar, luego sus aposentos. ‘Firma si sois buenas’, dice Ivanov. Sabine con Vladimir, yo con Ivan. Él me abraza en el sofá, fuerte, duro contra mí. Huele a hombre, a vodka limpio. Me besa el cuello, yo… paro. Lo miro fijo. ‘Tú, esta noche, eres mío. Yo mando. ¿Entiendes?’. Él asiente, ojos brillando. Lo cojo de la mano, entro en la habitación. Sabine ya gimiendo con Vladimir capotado, polla larga hundiéndose. Ivanov mira pajéandose.
La Tensión que Me Hizo Tomar las Riendas
‘Quítate todo’, le ordeno a Ivan. Se desnuda, torso perfecto, vello justo, polla corta pero gorda, tiesa como piedra. La agarro, pesada, venosa. ‘Siéntate’. Me arrodillo, la chupo lento, lengua en el glande, saliva goteando. Gime en ruso, ‘da…’. Sabine grita ‘¡Fóllame más!’ con Vladimir en levrette, tetas colgando. Me mojo el coño viéndolos. ‘Ahora, túmbate’, digo. Ivan obedece, yo me quito el tanga, coño depilado chorreando. Me subo encima, froto la polla en mi raja. ‘Mira cómo te como’. Me empalo despacio, ¡joder, qué gruesa! Duele rico, estiro las paredes. Empiezo a cabalgar, lento, luego rápido. Sus manos en mis caderas, pero yo controlo: arriba-abajo, círculos, clítoris rozando su pubis. ‘¡Más fuerte, cabrón!’. Él empuja, yo marco ritmo. Sabine me ve, ‘¡Dale, Carmen!’. Cambio: ‘A cuatro’. Me pone a mí de rodillas, pero yo guío: ‘Despacio al principio, luego rómpeme’. Entra, paladas profundas, huevos chocando mi culo. Grito, ‘¡Sí, así, joder mi coño!’. Lo aprieto, ordeño su polla. Vladimir la ofrece, la chupo un poco, sin capote, salada.
Lo monto de nuevo, cara a cara con Sabine encima de Vladimir. Nuestros coños tragando pollas sincronizados. ‘¡Siente cómo te follo yo!’, le digo a Ivan, clavando talones en su pecho. Orgasmo sube, tiemblo, chorro en su polla. Él quiere correrse, ‘No, aguanta’. Lo saco, le ordeño la leche en mi teta. Ivanov eyacula viendo, Sabine grita su clímax. Repuesta, sudada, coño palpitando. Me ducho, vuelvo al hotel con Sabine. Contrato firmado, pasta en cuenta. Mi marido feliz, ignora todo. Pero yo… yo gané. Tomé lo que quería, dominé a ese macho ruso, sentí su rendición. Poder puro, coño satisfecho. Nunca tan viva. A veces me toco recordando su polla gorda en mí, mandando yo.