Esta noche… uf, acababa de salir del bar, con esa calentura que no me deja en paz. Caminaba por el sendero del bosque, ese rincón discreto al borde de la ciudad, donde la gente va a soltar tensiones. Oí pasos. Un tipo solo, alto, con pinta de estar buscando algo. Lo miré fijo. Él se paró. Sonreí. ‘Ven aquí’, le dije bajito, con voz que no admite noes. Se acercó, nervioso, oliendo a colonia barata y sudor fresco.
No esperé. Lo empujé contra un árbol grueso, la corteza áspera raspando su espalda. ‘Quítate los pantalones’, ordené, mirándolo a los ojos. Dudó un segundo… ‘Ahora’. Bajó la cremallera, su polla semi-dura saltó fuera, gruesa, venosa. La noche era fresca, el aire húmedo del bosque me erizaba la piel. Tomé su cara con las manos. ‘Vas a dejar que yo mande, ¿entendido? Si no, me voy’. Asintió, tragando saliva. Ahí estaba, yo al mando. La tensión subía, su respiración acelerada contra mi cuello. Le mordí el labio. ‘A rodillas no, yo decido’. Me arrodillé yo, pero porque quise. Su polla palpitaba cerca de mi cara, oliendo a hombre puro, a deseo contenido.
La Decisión que Cambió la Noche
La agarré fuerte por la base, piel caliente y suave. ‘Mira cómo te la chupo, cabrón’. Lamí el glande despacio, salado, con ese gusto pre-semen que me vuelve loca. Él gimió, manos en mi pelo, pero las aparté. ‘Sin manos, solo miras’. Chupé las bolas primero, pesadas, peludas, metiéndomelas enteras en la boca, succionando suave. ‘Joder… sí…’, murmuró. Subí la lengua por el tronco, de souche a punta, saliva chorreando. La metí entera, garganta profunda, sintiendo cómo me llenaba, pulsando contra mi paladar. Controlaba el ritmo: rápido, lento, girando la cabeza. ‘Más profundo’, gruñí entre arcadas voluntarias. Él temblaba, piernas flojas contra el tronco. Cambié posición: lo tiré al suelo húmedo, hojas crujiendo bajo nosotros. Me puse a horcajadas sobre su cara, pero no, espera… lo quería en mi boca aún. ‘Abre las piernas’, mandé. Le escupí en la polla, la monté con la boca como si fuera un coño, subiendo y bajando, garganta apretando. ‘No corras todavía, resiste’. Le pellizqué las bolas, lo vi retorcerse de placer-dolor. Sudor mezclado con tierra, mi coño chorreando bajo la falda, pero yo dirigía todo.
El Acto Brutal Bajo las Estrellas
Intensifiqué: succiones fuertes en el glande, dientes rozando suave, lengua en la frenillo. ‘Dame tu leche, lléname la boca’. Él jadeaba: ‘Me vengo… joder, no aguanto’. Agarré sus muslos, clavé uñas. ‘¡Ahora!’. Explotó, chorros calientes, espesos, inundando mi lengua, garganta. tragué todo, gimiendo, saboreando cada gota salada, amarga. Siguió palpitando, ordeñándolo seco con la boca. Se desplomó, exhausto. Me levanté, limpiándome la comisura con el dedo, lamiéndolo. ‘Buen chico’. Lo dejé ahí, jadeante en el suelo del bosque.
Caminé de vuelta, piernas temblando de adrenalina, coño palpitando insatisfecho pero poderoso. Lo había conquistado en minutos. Él, un desconocido, sucumbió a mis reglas, a mi boca mandona. Me siento invencible, reina del bosque esta noche. Esa sensación de control total… uf, me hace querer más. ¿Quién será el próximo?