Tomé el Control: Mi Domingo de Follada Salvaje Bajo la Ventana

Era domingo por la mañana, como siempre. Carlos y yo, desnudos en la cama, con el portátil abierto. Mirábamos porno para calentarnos antes de follar. Desde que nuestra hija se fue, estos rituales son sagrados. Nada de interrupciones, gritamos lo que queremos. Yo, con mis curvas de los 50 bien puestas, pelo recogido y gafas. Él, calvo pero fuerte, boxeador a ratos. Nos tocábamos mutuamente bajo las sábanas, su polla endureciéndose en mi mano, mi coño mojándose con sus dedos.

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Sus videos favoritos: negros con pollas enormes machacando maduras como yo. Los míos: parejas americanas en tríos, rubias y morenas devoradas por maridos ajenos. Me ponía cachonda verlas gemir, igualitas a mí en edad. Justo cuando iba a quitarme las gafas, chuparle la polla y montármelo, ¡ding dong! La puta puerta.

La Decisión de Dominar

—Mierda, ¿quién coño es? —gruñí.

—Voy a ver —dijo Carlos, frustrado.

Me puse la bata, miré por la ventana. Abajo, Lola, la vecina pesada. —¡Hola Carmen! Perdona, es el jardinero. Su presupuesto no incluye podar tu seto. ¿Qué hago?

—Eeeh, espera, déjame verlo —mentí, sabiendo que cuando Lola empieza, no para.

Carlos se acercó, murmuró: —Mándala a la mierda.

Pero ella leía el puto papel, comentando cada línea. Yo, apoyada en el alféizar, sentía la adrenalina subir. Carlos, ese cabrón, se arrodilló detrás, abrió mi bata y metió la cabeza entre mis muslos. Su lengua rozó mi coño. ¡Joder! Intenté apartarlo con el pie, pero él agarró fuerte mis piernas, lamiendo como un perro en celo.

—¿Estás bien, Carmen? Tienes cara rara —preguntó Lola.

—S-sí, sí, todo bien… —jadeé, mientras su lengua entraba en mí. El calor subía, mi clítoris palpitaba. Pero no. Yo decido aquí. Agarré su pelo con una mano, bajando disimuladamente. —Quieto, amor. Ahora mando yo.

Deslicé mi pie desnudo por su vientre, hasta su polla semi-dura. La pisé suave, frotando el glande con los dedos. Se endureció al instante. Él gruñó bajito contra mi coño, pero yo apreté: —Shhh, no hagas ruido o te paro.

Lola seguía: —¡Es carísimo! ¿Qué opinas?

El Placer Bajo Mi Mandato

—S-sí, caro… —respondí, mientras masajeaba su polla con el pie, sintiendo las venas hincharse. Mi coño chorreaba ahora, goteando en su boca. Introduje un dedo en mí misma, luego en su boca para que lo chupara. Él obedecía, ojos suplicantes. La tensión era brutal. Yo dictaba: pie más rápido en su verga, lengua más honda en mi raja. Él era mío, succumbing a mis reglas. Mi cuerpo temblaba, pero controlaba. No correrse hasta que yo diga.

Finalmente, Lola: —Bueno, pareces cansada. Hablamos luego.

—Cierto, necesito… descansar —ronqué, cerrando la ventana.

La tempête estalló. Arrojé la bata, empujé a Carlos al suelo. —Ahora vas a follarme como yo quiero. —Me encabalgué su polla tiesa, hundiéndola hasta el fondo en un golpe. —¡Aaaah, joder! —gemí, rebotando salvaje. Mis tetas gordas saltaban, chafando su pecho. Él jadeaba: —Carmen, qué puta…

—Cállate y agárrame el culo —ordené. Clavé uñas en sus hombros, girando caderas, ordeñando su polla con mi coño apretado. Sudor mezclado, olor a sexo puro. —Más profundo, cabrón. —Me corrí primero, chorros calientes empapándolo, cuerpo convulsionando.

No paré. Me puse a cuatro patas: —Entra por detrás, pero despacio. —Él obedeció, polla resbalando en mi coño lleno de jugos. Luego, señalé mi ano: —Ahora aquí. Lubrícalo con mi lefa. —Empujó, centímetro a centímetro. —¡Sí, rómpeme el culo! —grité, empalándome yo misma. Él follaba duro, pero yo marcaba ritmo: —Más lento… ¡ahora rápido! No te corras.

Sus pelotas chocaban mi clítoris, ano estrujando su verga. —¡Voy a…! —suplicó.

—Espera mi orden —jadeé, masturbándome furiosa. Segundo orgasmo me partió, ano contrayéndose. —¡Ahora, lléname el culo de leche! —rugí. Él explotó, chorros calientes inundándome, gruñendo como animal.

Me aparté, semen goteando de mi ano dilatado. Lo miré desde arriba, jadeante, poderosa. —Has sido perfecto, mío del todo. —Sonreí, lamiendo un dedo con su resto. Él, exhausto: —Joder, Carmen, nunca tan salvaje.

Me sentí reina. Esa conquista, su rendición total… puro poder. Mañana repetimos, pero bajo mis reglas. 620 palabras.

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