Era principios de verano, boda de unos amigos en un pueblecito perdido en las montañas catalanas. Después de la ceremonia en la miniayuntamiento, asfixiante de calor, salimos a la placita fresca. Yo, con mi vestido rojo ceñido que marcaba mis curvas, tacones altos, me sentía una diosa. Miraba las chicas en sus robes amplias o ajustadas, los tíos con trajes que enseñaban culos firmes. Soy bi, abierta total, y ya notaba mi coño humedeciéndose.
Juliette, amiga de la novia, iba espectacular: vestido grisazul de seda, largo pero pegado al cuerpo, resaltando su culo redondo, tetas perfectas, melena castaña en moño que dejaba un espalda de infarto. Su novio, un gilipollas, la ignoraba, dando el brazo a una rubia tetona. Caminamos al gîte, ella se apoyó en mí por los tacones en el camino pedregoso. ‘Gracias, guapa’, me dijo sonriendo. La olía a perfume dulce, sudor leve. La flirté suave, vi cómo se animaba.
La Tensión que Me Hizo Decidir Tomar el Mando
Al gîte: piscinas, bungalows, mesas listas. Vin d’honneur alrededor de la piscina, servidores en traje. Vi a Juliette discutiendo con su novio al otro lado del agua. Mis colegas y yo bebimos. Un camarero moreno, bajito, pelo corto, culo prieto en pantalón ajustado, me rozó la mano al darme la copa. Le miré fijo, él guiñó. Sentí la adrenalina. ‘Esta noche’, pensé, ‘Juliette y este chico van a ser míos. Yo decido todo’.
Cena, baile. Bailé un slow con Juliette, mi mano bajó despacio a su culo. Ella presionó sus tetas contra mí, jadeando leve. ‘Mmm, qué bien hueles’, le susurré. Su novio apareció, la arrancó. Frustrada, salí a la piscina. La vi nadando en string, pechos flotando, culito asomando. Su novio la sacó a tirones, celoso, hacia su bungalow. ‘Paciencia’, me dije. La noche era mía.
Tarde, sedienta de un porro, fui a la sala por agua. En los baños, el camarero: Sebastián. ‘Perdón’, dijo tocándome el pecho. Yo sonreí, dominante. ‘Ven conmigo, ahora’. Lo arrastré a la despensa. ‘Quítate todo’, ordené. Nervioso, obedeció. Su polla semi, gruesa. La agarré, la apreté. ‘Vas a hacer lo que yo diga’. Él gimió ‘Sí…’
Juliette entró, jadeante. ‘Os vi…’. ‘Perfecto, únete. Pero yo mando’, le dije firme. Ella se mordió el labio, bajó el string. Fase uno hecha: tensión rota, ellos rendidos.
Empujé a Sebastián contra barriles. Le abrí el culo imberbe, lamí su ano, dedo dentro. ‘¡Joder, qué rico!’, gimió. Capote on, lo puse a cuatro. Froté mi clítoris en su raja primero, pero no: le metí dos dedos, lo abrí. ‘Fóllame tú a mí después’, pero esperé. Juliette se tocaba el coño, tetas fuera, pezones duros. ‘Chúpale la polla’, le ordené. Ella arrodilló, tragó su verga gorda. Yo la miré: ‘Más hondo, puta’. Sebastián gemía fuerte.
El Placer Brutal Bajo Mis Órdenes
Me senté en la mesa, piernas abiertas. ‘Lamedme el coño los dos’. Lenguas en mi raja, clítoris hinchado, jugos chorreando. ‘Sí, así…’. Luego, ‘Sebastián, fóllala a ella’. Él la penetró vaginal, yo le metí dedos en el culo mientras. ‘Más fuerte, hazla gritar’. Juliette: ‘¡Ay, sí, joder!’. Cambié: ‘Ahora su culo’. Capote nuevo, la abrí con saliva, él entró lento. ‘¡Rompe su ano!’, grité. Yo me masturbaba viéndolos, luego besé a Juliette, tragué su saliva.
‘Yo en el medio’. Sebastián me penetró el coño de pie, yo lamía el de Juliette. ‘Más profundo, coño’. Luego, ‘Mi culo ahora’. Tres dedos suyos primero, lubricado, su polla gruesa entró. Dolor-placer: ‘¡Fóllame como a una perra!’. Bombeaba, yo follaba a Juliette con dedos. Cadena perfecta.
‘Quiero vuestros culos’. Juliette a cuatro, yo con strapon imaginario no: la sodomicé con puño suave primero, pero crudo: ‘Sebastián, métela tu polla en el culo mientras yo te la chupo’. No, directos. La puse a ella, él la folló anal, yo controlaba ritmo empujando su cadera. Gritos, sudor, olores a sexo.
No aguanté: ‘¡Córrete en su culo!’. Él eyaculó dentro. Yo orgasme múltiple, coño palpitando. ‘Ahora, a mis caras’. Arrodillados, polla entre lenguas. Chorros calientes en bocas, tragamos. Nos besamos, esperma mezclado.
Ella se ajustó el vestido: ‘Increíble, mandona. Repetimos’. Guiño. Sebastián: ‘Mi habitación?’. ‘No, vete solo’. Mañana, Juliette: ‘Nunca corrí así. Eres la jefa’. Sonrisa mía, poder total. En el coche de vuelta, recordaba: yo gané, todo.
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