Cómo Tomé el Control Total en Nuestra Ruta Nudista al Lago

Hoy te cuento lo que pasó con Fran, mi ex de hace dos años. Nos citamos abajo del sendero al lago de Entrechat. Hacía calor, sudábamos ya. Nos abrazamos fuerte, olía a su piel familiar. Subimos de la mano, riendo. El camino ancho al principio.

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‘¿Y si seguimos en pelotas?’, le solté yo, con esa sonrisa que sé que lo desarma. Él quería, pero no se atrevía. ‘Vale’, dijo, y nos quitamos todo rápido. Yo sin bragas, short suelto, camiseta fina. Él igual, deportista. Nuestros cuerpos al aire, libres. Puse la ropa en su mochila.

La Decisión que Cambió Todo

El sendero se estrechó. ‘Yo voy delante, a mi ritmo’, ordené. Él: ‘Te sigo’. Le encantaba mirar mis nalgas, mis muslos firmes, mi coño depilado asomando. Lo sentía detrás, su mirada quemándome. ‘¡Ya has visto suficiente!’, le dije riendo, y pasé delante. Aceleré un poco, para que sudara.

Paramos en una pradera. Nos sentamos en tailleur, cara a cara. Sudor en mis tetas, perlas bajando. Él me devoraba con los ojos: pies, vulva abierta, pezones duros, boca. Le di un trago de zumo. Miré su polla flácida, huevos depilados ahora, más sexi. ‘Te has cuidado’, murmuré.

Al lago, dos lagos. El pequeño, desierto. ‘El último desnudo se baña’, dijo él. Perdí el short, me reí viéndolo caer de culo. ‘¡A la fría!’, grité. Se quitó botas, yo le ayudé, dominante. Lo sequé después, frotando su polla que crecía. Tetitas rozándole la espalda. Se calentó el ambiente.

Orage repentino. Corrimos, nos mojamos. ‘Quítate todo, te cubro yo’, dijo. Me tumbó en hierba, su cuerpo sobre el mío. Lluvia helada en su espalda, pero yo caliente debajo. Piel contra piel, su polla rozándome el coño. Se me mojó todo.

Bajando, desnudos otra vez, solos. Lo vi correr detrás, su culo prieto. Paramos en pradera. Ahí lo decidí: él sería mío. Lo miré fijo. ‘Para. Quítate la mochila. Vas a hacer lo que yo diga’. Dudó un segundo. ‘¿Qué…?’, balbuceó. ‘Cállate. De rodillas’. Mi voz firme, coño palpitando de poder.

El Placer Bajo Mi Dominio

Lo empujé al suelo. ‘Mírame’. Abrí piernas sobre su cara. ‘Lame mi coño. Ahora’. Su lengua tibia, ansiosa. Gemí, agarrándole pelo. ‘Más adentro, cabrón. Chupa mi clítoris’. Sudor, hierba, su saliva mezclada. Me corrí fuerte, temblando sobre su boca. ‘Buen chico’.

‘Levántate. Polla dura para mí’. Estaba tiesa, venosa. La cogí, apreté. ‘No te corras hasta que yo diga’. Lo tumbé bocarriba. Monté despacio, su polla abriéndome. ‘¡Joder, qué prieta!’, gruñó. Yo arriba, rebotando. ‘Cállate. Esto es mío’. Mis tetas saltando, sudor goteando en su pecho. Control total.

Cambié: de rodillas, él detrás. ‘Fóllame duro, pero sigo mandando’. Empujones profundos, huevos chocando mi culo. ‘¡Más!’. Le clavé uñas. ‘Ahora, agárrame caderas. Fóllame como puta’. Gemía yo, él jadeando. Lo apreté con coño, ordeñándolo.

‘Date la vuelta’. Lo puse a cuatro patas. Dedos en su culo depilado. ‘¿Te gusta?’. ‘Sí…’, susurró avergonzado. Polla en mano, masturbé mientras lamía sus huevos. ‘Córrete en mi mano’. Chorros calientes, él gritando placer. Yo riendo, poderosa.

Después, tumbados. Su cabeza en mis tetas. ‘Has sido mío del todo’. Él: ‘Increíble…’. Sentí la adrenalina, el dominio puro. Bajamos, besos en mejillas, pero yo sé: volverá. Porque yo decido.

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