Tomé el Control: Mi Conquista Sexual en Nochebuena

Estaba paseando por el sendero, con ese paso firme que hace que todos me miren. Vi a ese tipo, Lazaro o como se llame, hecho mierda. Bajaba la cabeza, como un perro apaleado. Su mujer lo había dejado, lo notaba en su mirada vacía. Hacía semanas que no salía, pero ahí estaba, obligado por alguna tontería navideña. Eh, pensé, este es mío. Lo voy a romper y reconstruir a mi gusto.

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Al principio, lo esquivó. Yo pasé como una reina, sin mirarlo. Pero él se quedó clavado, siguiéndome con los ojos. Al día siguiente, volví a la misma hora. Nada. Una semana después, zas, ahí estaba de nuevo. Esta vez en mi lado del camino. Se paró a un metro, me miró. Yo lo tose, tranquila. ‘¿Qué miras tanto?’, le dije, con voz baja, ronca. Se acercó, nervioso. ‘Perdona, es que… eres increíble’, balbuceó. Sonreí. ‘Camina conmigo. Y no me toques aún’.

La Tensión que Me Encendió

Los días siguientes fuimos inseparables. Paseos largos, charlas. Él contando su pena por Diane, yo escuchando, pero ya planeando. Tocaba su brazo, leve, y lo sentía temblar. ‘Mírame a los ojos’, le ordenaba. Sus pupilas se dilataban. La tensión subía, como un fuego lento. Nochebuena se acercaba, luces por todos lados, pero yo solo pensaba en él de rodillas. ‘Esta noche vienes a mi casa. Y harás lo que yo diga’, le solté una tarde, clavándole las uñas en el pecho. ‘Sí… lo que tú quieras’, murmuró, ya rendido.

Llegamos a mi cabaña, la chimenea crepitando. Lo empujé contra la pared. ‘Quítate la ropa. Despacio’. Obedeció, torpe, su polla ya medio dura saltando libre. La miré, gruesa, venosa. ‘De rodillas’, ordené. Se arrodilló, jadeando. Agarré su cabeza, metí sus labios en mi coño húmedo. ‘Chúpame bien, lengua adentro’. Gemí cuando rozó mi clítoris, succionando fuerte. ‘Más rápido, joder’. Mis jugos le chorreaban por la barbilla. Lo monté en el sofá, cowgirl salvaje. Mi coño lo tragaba entero, apretándolo. ‘No te corras aún, cabrón’. Rebotaba, tetas saltando, sudor perlando mi piel. Él gruñía, manos en mis caderas, pero yo mandaba el ritmo.

El Placer Bajo Mi Mandato

Lo volteé, a cuatro patas. ‘Ahora te follo yo’. Escupí en su culo, metí un dedo, luego dos. Se retorcía. ‘Relájate, puta’. Monté su polla desde atrás, reverse, clavándome hasta el fondo. ‘¡Fóllame tú ahora, pero como yo diga!’. Golpes secos, mi culo chocando contra sus huevos. Cambié, lo puse boca arriba. ‘Abre las piernas’. Le chupé las bolas, mordí suave, luego lo cabalgué de lado, frotando mi clítoris en su pubis. ‘¡Me vengo!’. Explosé, contracciones ordeñándolo. ‘Ahora sí, córrete dentro’. Su leche caliente me llenó, chorros potentes. Haletábamos, pegados.

Después, frente a la chimenea, él acurrucado en mis tetas. Lo miré, exhausto, satisfecho. Yo, poderosa, con el coño palpitando aún. Lo había conquistado, roto su depresión con mi coño y mis órdenes. ‘Eres mío ahora’, le susurré. Sonrió, rendido. Esa adrenalina, ver cómo sucumbía… joder, no hay nada mejor. Diane era historia. Yo era su diosa. Y lo repetiría cuando quisiera.

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