Estaba Nicolás en su escritorio, mirando por la ventana con ese sol que entraba a raudales. Sonrió cuando llamé. ‘¿Sí? Pasa’. Entré yo, cerré la puerta con llave. Falda negra ajustada, jersey gris ceñido. Me acerqué sin decir nada. Lo besé con hambre, nuestros cuerpos pegados. Sus manos en mis muslos, palpando mi teta ya dura.
Lo empujé suave. Cayó en el sillón frente al escritorio. Lo miré, ojos llenos de deseo. Me di la vuelta, despacio. Subí la falda, meneando el culo. Mis nalgas gordas, separadas por la tira negra de encaje. Me encantó su jadeo. Eché el tanga a un lado, mostré mi coño húmedo. Abrí las nalgas con las manos, dejándole ver mi raja rosada y el culito apretado.
La Toma de Control: Decidí que Era Mío
El tanga al suelo. Me cambré más. Metí una mano entre las piernas, me toqué el clítoris despacio. ‘Mira cómo estoy de mojada por ti’, le dije con voz ronca. Él abrió el pantalón, su polla saltó dura, gorda. Me giré, me arrodillé entre sus piernas. La agarré suave, la lamí el capullo. De abajo arriba, chupando las huevos hinchadas.
Sonreí. ‘Vas a hacer lo que yo diga’. La metí entera en la boca, vaivén lento. Él gemía, ‘Joder, Irene…’. Saqué la lengua, golpeé la punta roja. La follé con la boca, húmeda y caliente. Sentí su pulso acelerado. Lo paré. ‘Basta. Ahora me tocas tú’.
Lo besé fuerte mientras le pajeaba la verga tiesa. Lo puse de pie, me senté en el borde del escritorio. Abrí las piernas. ‘Mírame bien’. Mi coño moreno, labios grandes abiertos, pequeños brillando de jugos. Más abajo, el ano palpitando. Se arrodilló, metió la lengua. La hundió profundo, lamiendo mi coño empapado.
Me toqué las tetas, gimiendo. ‘Sí, ahí, el clítoris…’. Su lengua subía y bajaba, explorando pliegues. Bajó al culo, lo masajeó. Metió un dedo en mi chocho. Me abrí toda en el escritorio. Lengua en clítoris, dedo en el ano. Me corrí fuerte, arqueándome. ‘¡Fóllame ya, no aguanto!’.
El Placer Brutal: Lo Dirigí Hasta el Final
Me puse de pie, culo ofrecido. Su glande rozó mis labios. Entró despacio en mi coño ardiente. Gemimos los dos. Vaivén profundo, él empujando. Aceleró, polla como pistón en mi chorreante raja. Manos en mis caderas, bajando por la espalda. Me toqué el clítoris. Golpes violentos hasta el fondo. Grité, segundo orgasmo. Él quieto dentro, palpitando.
‘Tú no has corrido. Ahora te hago yo’. Me senté en el sillón, piernas abiertas contra los pechos. Me metí un dedo en el coño, señalé mi culito. ‘Ven, métemela por aquí. Sé que te flipa’. Puso la polla en mi ano. Empujó suave, entró toda. Agarró mis muslos, folló profundo.
Aceleró, yo chillando de placer. ‘¡Más fuerte!’. ‘Me corro…’, dijo él. ‘Sácala, córrete en mi boca’. Se retiró rápido. Me la metí entera, tragando. Cinco chorros calientes de leche en mi garganta. La chupé hasta vaciarlo, suspirando.
Sudados, nos besamos tierno. Lo abracé. Sentí el poder total. Lo había conquistado, dirigido cada embestida. Su polla mía, su placer mío. Me vestí sonriendo. ‘La próxima, igual’. Salí, adrenalina pura. Sabía que sucumbiría siempre.