Cómo Tomé el Control y Hice que Mi Yerno Me Follara como una Diosa

Me llamo Lucía, tengo 52 años, vivo en un pueblo perdido de la sierra. Mi yerno, Iván, es un chaval de 35, fuerte, con ese aire de hombre que aún no sabe lo que quiere. Mi marido anda siempre de caza, y yo… yo ardo por dentro. Hace meses que fantaseo con él. Sus visitas domingueras me ponen la piel de gallina. Ese día de verano, llamé a casa de mi hija: ‘La bombona de butano está vacía, ¿puede venir Iván? Estoy sola’. Ella se fue con el equipo de pádel, perfecto.

Llegó a las nueve, en short y camiseta, sudado del calor. ‘¡Hola, Lucía! ¿Dónde está la bombona?’. Le di dos besos, rozando su boca adrede. Llevaba camisón corto y bata floja. Bajó al sótano, subió la bombona pesada. Se agachó bajo el fregadero, culo en pompa. Yo, de pie, a contraluz, vi cómo me miraba las piernas. Su polla empezó a endurecerse en el short. ‘¿Va bien, Iván?’. Se giró, rojo. ‘Está atascado el regulador, joder’. Me acuclillé a su lado, pecho casi fuera del camisón. Sus ojos clavados en mis tetas grandes, caídas pero firmes. Su bulto era enorme. Sentí el calor entre mis piernas. No más espera. Bajé el camisón, saqué las tetas. ‘Tócalas, Iván. Sé que las miras desde que llegaste. Hazlo ya’.

La Tensión que Me Hizo Decidir Tomar el Mando

‘¿Qué… Lucía?’. ‘Cállate y tócame’. Sus manos temblaron al posarse en mis pezones duros. Los masajeó, gimiendo yo bajito. ‘Mmm, hace años que nadie me toca así’. Mi coño chorreaba, sin bragas. Le metí la mano en el short, apreté su polla tiesa. ‘Esto es mío hoy. Vas a follarme como yo diga, o te vas sin tocarme más’. Me miró, hipnotizado. ‘Sí… lo que quieras’. Perfecto. Lo arrastré a la habitación, jadeando. ‘Quítate todo. Ya’.

Lo tiré en la cama, desnuda yo primero. Sus ojos devorándome el cuerpo curvilíneo, mi culo grande, mi coño peludo y húmedo. Me subí encima, polla en mi mano. ‘Primero, chúpame el coño’. Le abrí las piernas sobre su cara, restregué mi clítoris hinchado en su boca. ‘¡Lame fuerte, cabrón!’. Su lengua entró, salía, chupando mis labios. Grité, corriéndome rápido, empapándolo. ‘Buen chico’. Bajé, tragué su polla entera, garganta profunda, bolas en mi mano. Él gemía: ‘¡Joder, Lucía!’. La saqué, brillante de saliva. ‘Ahora fóllame el coño’. Me senté de golpe, cabalgándolo salvaje. Tetas botando, clávandolas en su cara. ‘¡Chupa los pezones! ¡Muérdeme!’. Subía y bajaba, coño apretándolo, jugos por sus huevos.

El Placer Brutal que Dirigí Sin Filtros

‘Date la vuelta, perra’. No, yo mando. ‘Levanta las piernas’. Se las eché al hombro, lamí su culo, lengua en el ano. Él se retorcía. ‘¡Métemela ya!’. Empujé mi polla… no, su polla en mi culo. ‘¡Fóllame el culo, pero despacio al principio!’. Entró dura, dolor-placer. ‘¡Más fuerte, destroza mi culo!’. Me follaba anal mientras yo me frotaba el clítoris. ‘¡Córrete dentro, lléname!’. Él explotó, leche caliente en mis entrañas. Yo corrí otra vez, temblando encima.

Me aparté, sudorosa, poderosa. Él jadeaba, mirándome como un perrito. ‘Ha sido… increíble’. Sonreí, dominante. ‘Esto es solo el principio. La próxima, sin bragas, y harás lo que yo mande. Eres mío ahora’. Se vistió, besos en mis tetas antes de irse. Cambié la bombona yo sola, riendo. Esa noche, en la ducha, me toqué pensando en su sumisión. Lo conquisté, lo usé, y volverá. Porque yo decido. Punto.

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