Llegamos al club después de un metro rápido y unos pasos por la calle vieja. Puerta discreta, subimos escaleras. Pum, entramos. Recepción cutre, Pablo paga 45 euros, yo gratis. Me quito el vestido transparente, el tío del guardarropa se queda mirando mis tetas. Sonrío, sé que esta noche mando yo.
Nos sentamos en un box con sofás en U. Hay un pareja al lado. Él, moreno, fuerte, ojos que me devoran. Ella, mona pero irrelevante. Me mira fijo. Yo cruzo las piernas despacio, dejo que mi falda suba. Pablo me susurra: ‘Libérate’. Le digo: ‘Cállate, esta noche yo decido’. Siento la adrenalina, el calor subiendo por mi coño. Ese tío va a ser mío.
La Mirada que Enciende Todo
Pide copas el camarero, Pablo me abre las piernas. Mi chochito asoma, húmedo ya. El moreno no para de mirar. Su mujer le habla al oído, pero él ignora. Me levanto, voy directa: ‘¿Bailamos?’. Él duda, ‘Eh, sí, claro’. Lo arrastro a la pista pequeña. Sus manos en mi cintura, yo las bajo a mis culos. ‘Tócalos bien’, le ordeno. Siente mi piel caliente, mi falda resbalando.
La música lenta, yo pego mi cuerpo al suyo. Siento su polla dura contra mi muslo. ‘Quítame el top’, le digo. Tiembla un poco, desata los lazos. Mis tetas libres, pezones duros. Él jadea. Miro a su mujer, que baila con Pablo. Ella le quita la ropa, pero yo no me distraigo. Bajo la cremallera de su falda, nada de bragas. Mi coño depilado a la vista. ‘Míralo bien, es tuyo si obedeces’.
Sus manos en mis nalgas, amasando. Yo giro, arqueo la espalda. Un desconocido se pega atrás, mete dedo en mi raja. Gimo, pero aparto: ‘Solo él’. Subimos al piso de arriba, pasillos con orgías. Entramos en un cuarto abierto, cortina corrida. Pablo y su mujer ya follando. Yo empujo a Diego al colchón. ‘Desnúdate’. Él obedece rápido, su verga gruesa, tiesa, goteando.
Dominando Cada Empuje
Me subo encima, coño chorreando sobre su polla. ‘No te muevas’. La froto contra su glande, lento, torturándolo. ‘¿Quieres follarme? Pídemelo’. ‘Por favor, métetela’, suplica. Río, bajo despacio. Su polla me abre entera, llena mi chocho hasta el fondo. Calor brutal, paredes apretando. Empiezo a cabalgar, duro, mis tetas botando. ‘¡Más fuerte, cabrón!’.
Le cojo las manos, pongo en mis tetas. Aprieta fuerte, yo marco el ritmo. Me inclino, muerdo su cuello. ‘Lámeme el clítoris’. Bajo, su lengua en mi botón, chupando mientras reboto. Orgasmos me sacuden, chorro tras chorro sobre su cara. Cambio: de rodillas, él atrás. ‘Fóllame el coño así, pero yo digo cuándo parar’. Empuja, polla golpeando mi culo. Sudor, olor a sexo puro. ‘¡Más adentro, joder!’.
Lo monto de lado, controlo cada centímetro. Su mujer gime cerca, pero yo soy la reina. Él tiembla, ‘Me corro’. ‘No, aún no’. Aprieto mi coño, lo ordeño. Finalmente: ‘¡Córrete dentro!’. Siento sus espasmos, semen caliente llenándome, aunque con condón. Me corro otra vez, gritando.
Bajo, jadeando. Él exhausto, mirada de rendición. Limpio mi coño con los dedos, se los meto en la boca. ‘Buen chico’. Pablo sonríe, su mujer cubierta de lefa. Salimos, yo con el cuerpo pegajoso de sudor y jugos. En la calle, beso a Pablo: ‘Lo hice mío’. Poder total, coño satisfecho. Esa noche fui diosa.