Este año, cariño, yo me encargo de la reserva para nuestro aniversario. Diez años, ¿eh? Merecemos algo especial. Él pensaba en un hotel pijo, pero yo tenía otro plan. Quince días después, lo tengo en el coche, ojos vendados. Noche cerrada, menos mal, que no nos vean los vecinos. Conduzco, hago rodeos a propósito. Siente la tensión, lo noto en su respiración.
Llegamos al parking subterráneo del despacho de mi amiga Sofia, la kinesióloga. Le cojo la mano, ascensor, puerta. Silencio total. Lo siento en la silla. ‘No te muevas, no te quites la venda. Vuelvo en un minuto, paciencia, mi amor.’ Se queda quieto, confundido. No es su estilo esto, pero yo mando ahora.
La sorpresa que lo dejó a mi merced
‘Ya puedes quitártela.’ Uso el ‘usted’, formal, como Sofia. Abre los ojos: un despacho, yo al otro lado del escritorio con bata blanca, dos botones desabrochados. Muestra un poco de escote. ‘¿Qué… qué hacemos aquí?’ pregunta. ‘Lo sabe perfectamente.’ Cambio voz, seria. ‘Mi colega Sofia dice que cada vez que te masajea, te pones la polla dura. No estamos en Tailandia, ¿eh? Esto es serio.’ Él balbucea, ‘Armelle, ¿qué…?’ ‘No me llames así. Los hechos son graves.’
Siento la adrenalina. Lo miro fijo, decido: esta noche es mío. ‘Pasa al salón, conoces el camino.’ Se levanta, yo delante, bata suelta, culo asomando. ‘Desnúdate, como siempre.’ Lo observo quitarse todo, polla semi. Tiro papel en la camilla. ‘Túmbate boca abajo.’ Empiezo masaje, manos expertas de mis clases antiguas de kine. Bajo a lumbares, tiro del slip. ‘Sin pudor, quítatelo.’ Se lo arranco yo. Camilla baja. Mi bata cae. Nuda encima de él, coño rozando sus muslos.
Manos en nalgas, dedo en el culo, masajeo próstata. Gime. ‘Date la vuelta, a ver si es verdad.’ Polla tiesa, enorme. ‘Mira, bandea como un cerdo. Querías una paja, ¿o mamada? Como en Tailandia.’ Me agacho, lengua en glande, chupo. Traga hasta garganta. No lo dejo correrse, solo calentar.
Follada intensa: yo al mando en cada posición
Subo, coño chorreando sobre su polla. ‘Ahora yo mando.’ Me clavo despacio, polla entra entera, húmeda mi saliva y mis jugos. Ondulo caderas, adelante-atrás, tetas en su cara. ‘Tócalas, pero no pares.’ Aprieta pezones, yo me froto clítoris. Acelero, salvaje, cuclillas sobre él, polla saliendo-entra, veo todo. Dedos en mi clítoris, suyos no. Grito, ‘¡Sí, joder!’ Corro, él aguanta.
Me inclino, follo más duro, polla golpea fondo. Cambio: lo pongo de rodillas, levrette. ‘Cógeme el culo.’ Empujo contra él, controlo ritmo. Polla brilla de jugos. ‘No corras aún, cabrón.’ Giro, 69 rápido, chupo bolas, él lame coño. Vuelvo arriba, cabalgo bestial. Siento contracciones, ‘¡Ahora, lléname!’ Corre dentro, leche chorrea por muslos.
Bajo, sudorosa, polla flácida. Lo miro, jadeante. ‘¿Te gustó, eh? Yo decidí todo.’ Siento poder puro, él rendido. ‘Esas pollas duras con Sofia… eran por mí, ¿verdad?’ Confiesa, historias de su ex, libertinaje. Río. ‘Bien, porque ahora mandé yo. Y quise más.’ Llamo a Sofia, pero eso… ya es otra conquista. Me visto, él atontado. Salimos, yo al volante otra vez. Orgullosa, follada perfecta, él mío total. Poder en cada embestida.