Hace unos días, nos escapamos otra vez en bici. El sol pegaba fuerte, el aire olía a hierba seca. Yo pedaleo delante, miro atrás y le digo: “¿Volvemos al granero?”. Él frena un poco, duda: “¿Eh? ¿Por qué?”. Sonrío, acelero. “Porque me tienes loca, cabrón. Quiero más”. Siento la adrenalina subiendo, el corazón latiendo fuerte. Esta vez, yo mando. Él es un chaval tímido, casi virgen, y yo voy a romperlo.
Llegamos, bajamos las bicis. Empujo la puerta vieja, cruje. La cierro con el cerrojo, nos quedamos solos. Lo miro fijo, los ojos en llamas. “Quítate la ropa”. Él titubea, pero obedece, camisa fuera, pantalones abajo. Su polla ya medio tiesa. Me acerco, le arranco el bóxer. Desnudo, vulnerable. Yo me desnudo despacio, saboreando su mirada. Piel erizada por el aire fresco del granero, olor a madera y paja.
La decisión de conquistarlo
Lo empujo al heno, suave pero firme. “Acuéstate”. Me subo encima, mis tetas rozan su pecho. Lo beso duro, lengua dentro, mordiendo su labio. Manos en su polla, la aprieto, la acaricio lento. Él gime, “Joder, qué…”. “Cállate”, susurro. Bajo, lamo su cuello, pezones. Siento su pulso acelerado. Me giro, le planto mi culo en la cara. “Míralo bien. Hoy es tuyo, pero yo decido”. Écarte las nalgas yo misma, le muestro todo: coño húmedo, ano prieto.
“Lámelo”. Él duda un segundo, pero su lengua toca. Caliente, torpe al principio. “Más adentro, joder”. Empuja, lame mi ano, círculos húmedos. Gimo bajito, el placer sube como fuego. Huele a sexo, a sudor nuestro. “Ahora dedo”. Escupe en su dedo, lo mete suave. Aprieto, lo suelto. “Bien, así. Otro”. Dos dedos ahora, estiro mi culo para él. Siento el roce, la presión deliciosa. Mi coño chorrea, gotea en su cara.
El clímax brutal y mi poder total
Me pongo a cuatro patas, cadera alta, knees separadas. “Mira este culo perfecto”. Él jadea: “Es… increíble”. “Cógeme las tetas”. Sus manos tiemblan, las aprieta fuerte. Bajo la cabeza al heno, rasca mi mejilla. “Lubrica tu polla en mi coño”. Obedece, frota su verga gorda en mis labios hinchados. Desliza fácil, estoy empapada. “Ahora, al culo. Despacio”. Apoya el glande en mi ano, empuja. Duele un poco, quemo por dentro, pero digo: “Más”. Entra, centímetro a centímetro. Lleno, estirado al límite.
Gime fuerte, yo controlo: “Quieto”. Me muevo yo primero, balanceo cadera, lo monto desde atrás. Polla dura clavada en mi culo. “Ahora fóllame fuerte”. Agarra mis caderas, embiste. Plaf, plaf, carne contra carne. Sus huevos chocan mi coño. Grito: “¡Sí, joder, rómpeme el culo!”. Manosea mis tetas colgantes, pellizca pezones. Yo me toco el clítoris, furiosa. Ritmo salvaje, sudamos, el heno pica en las rodillas. Duele y placer mezclado, adictivo. “Más rápido, cabrón”. Él acelera, gruñe. Mi ano aprieta su polla, ordeñándola.
Siento el orgasmo venir, explosivo. “¡Me corro!”. Convulsiono, coño chorreando, culo palpitando. Él no aguanta: “Voy a…”. “Córrete dentro”. Tres embestidas brutales, calienta mi interior con su leche. Se desploma sobre mí, jadeando. Rodamos al lado, su polla sale despacio, semen gotea de mi ano dolorido. Lo miro, sonriendo. “Y yo sigo virgen por delante”. Él asombrado, yo poderosa. Lo conquisté, lo usé como quise. Esa rush de control, ver cómo sucumbe… Priceless. Aún siento el eco en mi culo, pero valió cada segundo.