Tomé el Control en el Calabozo: Mi Noche de Conquista Total

Llegué al ‘Vergel de las Pollas’ con mi amiga Lola y su sumiso. Vestida con mi robe negro y granate, esa que deja los tetas al aire, el corsé rígido los hace rebotar perfectos. Collar de cuero, medias autofijantes, tacones afilados. Me sentía una diosa. El sitio era enorme: salón con bar, sala íntima, la grande llena de cruces, látigos, plugs. Arriba, camas para reposo. Abajo, celdas voiltes. Pocos gente, perfecto.

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Nos sentamos cerca del bar. Vi a él: alto, musculoso, con pinta de dominante. Pero sus ojos me devoraban. Sonreí. ‘Este va a ser mío esta noche’, pensé. La tensión subía. Me acerqué, rozando su brazo. ‘Hola, guapo. ¿Vienes solo?’, le dije, voz baja, segura. Él balbuceó: ‘Eh… sí, explorando’. Tomé su mano. ‘Ven conmigo. Yo decido qué pasa aquí’. Lo llevé a la sala grande. ‘Quítate la camisa’, ordené. Obedeció, temblando un poco. La adrenalina me corría por las venas. Atamos sus muñecas a la cruz de San Andrés, panza contra madera. Levanté su falda… no, él no llevaba, pero bajé sus pantalones. Su culo firme expuesto. Elegí un martinete suave primero. ‘Vas a gemir para mí’, susurré.

La Decisión de Hacerlo Mío

Empecé despacio. ¡Clac! Su piel se enrojeció. ‘Más’, gruñí. Él jadeaba: ‘Sí… por favor’. Aceleré, alternando con caricias. Sus nalgas ardían, vibraban. Sentí mi coño humedecerse, mis tetas pesadas, pezones duros. Lo giré, vi su polla tiesa, goteando. ‘Ahora, el plug’. Saqué el XXL con rubí del saquito. Lola me ayudó, escupiendo en su culo. Lamí su agujero primero, lengua profunda, saboreando su sabor salado. ‘Relájate, cabrón’, le dije. Empujé el plug. Gritó, pero entró entero. ‘¡Joder, qué grande!’, gimió. Reí. ‘Aún no has visto nada’.

El Placer Bajo Mi Dominio Absoluto

Lo desaté, lo tiré al suelo a cuatro patas. ‘Lame mi coño’. Me abrí las piernas, falda arriba, sin bragas. Su lengua ansiosa en mi clítoris, chupando mi flujo. ‘Más adentro, joder’. Gemí, agarrando su pelo. Me corrí rápido, chorros en su boca. ‘Buen chico’. Lo puse en el potro, polla empalada en el consolador enorme. Nervurado, rígido. Lo ayudé a bajar, mis manos en sus nalgas. ‘¡Ahh, me parte!’, gritó. ‘Cállate y fóllatelo’. Lo até, pecho al potro. Tomé un paddle. ¡Pum! Sus nalgas bailaban, el plug se movía dentro. Polla palpitando. Me subí encima, mi coño tragando su verga hasta el fondo. ‘¡Fóllame duro!’, pero yo marcaba el ritmo, rebotando, tetas en su cara. ‘Chupa mis pezones’. Lo monté salvaje, uñas en su pecho. Cambié: lo puse de rodillas, polla en mi boca un segundo, luego en mi culo. ‘¡Entra, coño!’. Sodomié su polla, apretando, ordeñándola. Él suplicaba: ‘Me vengo…’. ‘No, hasta que yo diga’.

Grité mi orgasmo, él explotó dentro, semen caliente llenándome. Lo desaté, exhausto, marcado. Me miró adorándome. ‘Has sido perfecto’, le dije, besando su frente sudada. Sentí el poder puro: lo había conquistado, dirigido cada gemido, cada embestida. Mi coño aún palpitaba, satisfecha total. Lola aplaudió: ‘Eres una reina’. Caminé por el donjon, orgullosa, sabiendo que él soñaría conmigo noches enteras. Esa noche, yo mandé. Y volverá a pasar.

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