Cerrando el club, miro la bahía una última vez. El sol se pone, dorado sobre el agua. Hoy, no nostalgia. Hambre. Camino por el puerto, adoquines húmedos bajo mis tacones, tramontana colándose en mi abrigo. Hojas amarillas bailan, aire salado. Veo a un tío solo en un banco, guapo, pensativo, mirando la mar. Ojos oscuros, mandíbula marcada. Me para el corazón, pero no de pena. De ganas. Decido: esta noche es mío.
Me acerco, lento. Él levanta la vista, sorprendido. ‘¿Todo bien?’, digo, voz baja, segura. Sonrío, cruzo las piernas, falda subiendo un poco. ‘Pareces perdido… ¿o solo?’. Él balbucea, ‘Eh, sí, solo pensando’. Le toco el brazo, piel cálida. ‘Ven conmigo. No preguntes’. Sus ojos se encienden, duda un segundo. ‘¿Adónde?’. ‘Donde yo diga. Y harás lo que te pida’. Me mira, tragando saliva. Se levanta, sigue mis pasos hacia la ruelle oscura, luego al bosque de las Albères. Adrenalina sube, yo controlo.
La Tensión que Me Hizo Decidir
En la forêt, hojas crujiendo bajo pies, olor a tierra húmeda y pino. Lo empujo contra un árbol, beso duro, lengua invadiendo su boca. Manos en su pecho, bajando. ‘Quítate la camisa’, ordeno. Obedece, temblando. Le desabrocho el pantalón, polla ya dura saltando fuera. Gruesa, venosa. ‘De rodillas’, digo. Se arrodilla, barro raspando rodillas. Agarro su pelo, guío su boca a mi coño. ‘Chúpame bien, lento’. Lengua entra, lame clítoris, gimo. ‘Más profundo, joder’. Él jadea, succiona, yo muevo caderas, follando su cara. Sabor salado mío en su lengua.
El Placer Bajo Mis Órdenes
Me corro rápido, piernas temblando. ‘Ahora, fóllame’. Lo tumbo en hojas secas, monto encima. Coño chorreando, bajo despacio sobre su polla. Llena, estira. ‘No te muevas’. Yo marco ritmo, subo bajo fuerte, tetas botando. Agarro sus manos, pongo en mis caderas. ‘Aprieta’. Él gime, ‘Dios, qué puta…’. ‘Cállate y disfruta’. Cambio, de espaldas, culo rebotando en su pelvis. Manoseo sus huevos, aprieto. ‘¿Te gusta mi coño apretado?’. ‘Sí, joder, sí’. Acelero, sudor mezclado, olores a sexo y otoño. Le meto un dedo en el culo, él arquea. ‘Córrete dentro cuando yo diga’.
Grito al correrme otra vez, coño contrayéndose alrededor de su polla. ‘Ahora, ¡córrete!’. Él explota, leche caliente llenándome, chorros profundos. Me quedo encima, palpitando. Bajo lento, semen goteando muslos. Él jadea, exhausto, mirándome adorador. ‘Eres… increíble’. Sonrío, beso su frente. ‘Lo sé. Me has dado lo que quería’. Me visto, pelo revuelto, piel erizada. Camino de vuelta, piernas flojas pero pecho hinchado. Poder puro. Lo dejé marcado, sucumbiendo a mis deseos. Él se queda allí, roto de placer. Yo, reina. Esa noche, otoño nunca fue tan caliente.